Para deleite de la mayoría de entrenadores, el mercado invernal es historia. Un periodo en el que la Premier League volvió a lucir su musculatura económica a ojos de todo el continente. Aquí el líder también fue el Manchester City, que pagó sin pestañear la cláusula de rescisión de Aymeric Laporte (en torno a 75 millones de euros). Y querían más, ya que la lesión de Leroy Sané (mes y medio de ausencia) motivó una oferta de casi 80 kilos por Riyad Mahrez que el Leicester rechazó.

Sus perseguidores también se dejaron dinero, pero menos. El Manchester United se llevó a Alexis Sánchez, aunque lo hizo a través de un intercambio con el Arsenal por Henrikh Mkhitaryan. Precisamente, los Gunners sí derrocharon para contratar al sustituto del chileno, Pierre-Emerick Aubameyang (65 millones), mientras dejaban salir a Olivier Giroud al cercano Chelsea por 18. El aún vigente campeón confirmó su programa de austeridad (así le llamó Antonio Conte), llevándose a Ross Barkley por 17 y a Emerson Palmieri por 20.

Por su parte, no escatimó Jurgen Klopp para reinvertir lo ingresado por Philippe Coutinho y convirtió a Virgil van Dijk en el zaguero más caro de la historia (85 millones). Sus vecinos del Everton intentaron arreglar su pésima temporada con Cenk Tosun (31) y Theo Walcott (28), mientras el Tottenham pescaba en las sobras de París a Lucas Moura (27). Otras inversiones considerables las realizaron el Southampton con Guido Carrillo (22), el Swansea con André Ayew (20) o el Brighton con Jurgen Locadia (17).

Ya sin Aubameyang, el Borussia Dortmund fue el gran animador del mercado en la Bundesliga. Realizó el fichaje más caro (Manuel Akanji, del Basilea, por 21,5), mientras el recambio del gabonés, Michy Batshuayi, promete tanto en el césped como en las redes sociales. El Bayern, en su línea, desplumó el ataque del Hoffenheim contratando a Sandro Wagner (13) y anunció la llegada veraniega de Leon Goretzka con la carta de libertad. El Stuttgart se puso sentimental y cerró el regreso de Mario Gómez por unos módicos 3 millones.

Con el PSG maniatado por la UEFA después de la monstruosa inversión en Neymar y Mbappe, el peso inversor recayó en el Mónaco. El club del Principado sustituyó al citado Carrillo con el jovencísimo italiano Pietro Pellegri, por el que desembolsó 25 millones de euros. Aún así, el conjunto capitalino reforzó su medular con Lassana Diarra (libre), mientras el Saint-Etienne incorporaba a otros veteranos como Subotic, M’Vila y Debuchy sin gastar un euro.

Aunque donde realmente se apretaron el cinturón fue en Italia. El Inter cerró las cesiones del culé Rafinha y de Lisandro López (Benfica), mientras la Roma suplía la baja de Emerson Palmieri con la llegada a préstamo de Jonathan Silva (Sporting CP). El Nápoles intentó consolidar su candidatura al título firmando a Amin Younes (Ajax) o Matteo Politano (Sassuolo) pero no fructificó.

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