El reparto de puntos no beneficia a ninguno de los dos en su lucha por las plazas de Champions League, pero Liverpool y Tottenham han dejado un partido para la historia. Un clásico instantáneo por todo lo ocurrido desde el momento en que Victor Wanyama subiese el momentáneo 1-1 en el marcador, porque a partir de ahí sucedió una bendita locura: golazos, penaltis, polémica…

La tarde arrancaba de la mejor forma posible para el cuadro local. En una de sus primeras llegadas, la zaga enemiga cometía un error tras otro hasta dejar a Mohamed Salah totalmente solo ante Hugo Lloris. Por supuesto, el egipcio no perdonó. Los londinenses estaban nerviosos tras ese regalo y el Liverpool olía sangre, acercándose al segundo tanto por medio de Roberto Firmino o James Milner.

Poco a poco, los Spurs se fueron entonando y empezaron a pisar el área de Loris Karius, especialmente gracias a la imitación de la presión a la defensa con la que el Liverpool les estaba machacando. Así transcurrió la mayoría del encuentro, con las dos zagas mostrando su peor versión a la hora de sacar el balón. Sin embargo, el electrónico de Anfield no se movería hasta el minuto 80, instante en el que se desató el caos.

Apenas unos segundos después de saltar al césped, Wanyama conectaba un zapatazo descomunal que dejó helado el mítico estadio Red. El africano aprovechaba un despeje de Karius para igualar, un tanto que espoleó al Tottenham y empequeñeció al Liverpool, más replegado que nunca a causa varios cambios un poco extraños de Jurgen Klopp.

Tanto llegaban los londinenses que era cuestión de tiempo que la defensa local hiciera de las suyas. Así pues, Dejan Lovren conectó un despeje circense hasta dejar solo a Harry Kane ante Karius, con el internacional inglés tirándose a la piscina y el colegiado picando. Pero el meta alemán se quedó en el centro y rechazó el pésimo lanzamiento de Kane.

Con su equipo sufriendo, el genio Salah se disfrazó de Leo Messi y firmó una obra de arte de la que estaría orgulloso el argentino. Pero todavía quedaba más espectáculo. Justo en el último minuto de descuento, Erik Lamela hacía bastante por recibir un golpe de Virgil van Dijk dentro del área y el asistente ordenaba otra pena máxima. Otra que esta vez Kane sí convertiría, para desesperación de Klopp y satisfacción de Mauricio Pochettino.

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