Cuando el colegiado Mike Dean decretó el final del encuentro en Vicarage Road en la noche del lunes, los presentes lo daban por hecho. “Ya está, la hora de Antonio Conte ha llegado”. El Chelsea había sido humillado en campo del Watford por 4-1, unos días después de haber sufrido otra espeluznante derrota en su estadio contra el Bournemouth (0-3). Solo dos triunfos en diez partidos en 2018, entre todas las competiciones. Roman Abramovich apretó el gatillo en otras ocasiones por bastante menos…

Pero para sorpresa generalizada, el italiano parece estar a salvo por ahora. Eso es lo que asegura la fiable BBC, aludiendo a la posición actual de los Blues en la Premier League (cuartos) y a su presencia tanto en Champions League como en FA Cup. Sin embargo, los síntomas que han transmitido los futbolistas londinenses en las últimas fechas no invitan en absoluto al optimismo, sino todo lo contrario. Más aún viendo el calendario de febrero, con el enfrentamiento continental ante el Barcelona y la doble visita a Manchester para medirse al United y al City.

La realidad es que el vigente campeón inglés parece un equipo asfixiado desde el comienzo del 2018. Un colectivo sin alma, sin motivación, sin ideas ni capacidad para superar a rivales a los que el año pasado derrotaba sin pestañear. Incluso Conte, acostumbrado a un bravo comportamiento en zona técnica, parece resignado al abismo. Las cifras no engañan: siete goles en contra frente a Bournemouth y Watford cuando en la temporada anterior su sistema defensivo era un muro infranqueable.

Algunas voces críticas señalan directamente al italiano, acusado de mantener un régimen de entrenamiento demasiado excesivo para un grupo escaso en números. El año pasado, dicen, valía porque no había competición europea, pero esta vez tiene efectos devastadores (hasta ocho futbolistas han sufrido lesiones musculares en los últimos dos meses). Quizás por ello, Conte ha decidido regalar tres días libres a sus jugadores, a sabiendas de que el próximo duelo ante el WBA podría ser decisivo.

Para otros, el ex seleccionador de Italia tiene un crédito más que merecido y la responsabilidad debe recaer en el club. El Chelsea lleva años adoptando una política de mercado difícil de explicar, invirtiendo bastante dinero pero con cuestionables resultados. Por ejemplo, en el verano pasado fracasaron a la hora de contratar a varios de sus objetivos (Lukaku, Llorente, Danilo, Alex Sandro…), mientras el rendimiento de sus refuerzos está en entredicho: Rudiger, Zappacosta y Drinkwater entran y salen del once constantemente, Bakayoko es una sombra del que era en el Mónaco y la puntería de Morata se ha esfumado.

Sea quien sea el principal responsable de la situación, incluyendo por supuesto la parte que le toca a los jugadores, el Chelsea vive su momento más delicado desde finales del 2015, momento en el que José Mourinho dijo adiós por segunda vez, con los Blues muy cerca del descenso. Curiosamente, también meses después de proclamarse campeón de la Premier League. El tiempo dirá si Antonio Conte sigue el mismo camino.

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