El partido de ida de la eliminatoria  entre Chelsea y Barcelona, este duelo que ya se ha convertido en un clásico del Siglo XXI en la Champions League, no defraudó en cuanto a tensión, pero sí en juego. Aunque de forma diferente, los dos equipos salieron a defenderse, a dejar pasar el tiempo conscientes de que lo suyo era dejar el desenlace para dentro de unas semanas en el Camp Nou.

El Barça decidió protegerse con el balón. Con una circulación lenta y sin muchos más argumentos que Leo Messi (casi siempre suficiente), el conjunto culé intentó instalarse en campo contrario para descifrar la fortaleza blue. El cuestionado Antonio Conte lo tuvo claro. Roca atrás y balas arriba, con Willian, Hazard y Pedro amenazando cada pérdida que los de Ernesto Valverde se guardaban bien de no cometer.

Han tenido que pasar muchos meses. Seguramente vengan muchas más, también. Pero dio la sensación de que el Barcelona echó de menos a Neymar por primera vez desde su marcha hacia el PSG. Messi estaba vigilado hasta por tres rivales cada vez que recibía la pelota y en él se acababa la lista de regateadores azulgrana. El sustituto del brasileño, Dembélé, no está todavía para estas batallas y así lo consideró su técnico, que no le dio ni un minuto.

El partido sufría una descarga cada vez que el Chelsea robaba un balón. La clase de Hazard y el látigo de un inspirado Willian eran las mejores armas de los locales. El brasileño se propuso no irse de Stamford Bridge sin hacer un golazo y lo consiguió a la tercera. Después de dos cañonazos a cada palo en la primera parte, consiguió batir a Ter Stegen con otro derechazo desde fuera del área. Imparable. El brasileño, uno de los intocables de Tite para Rusia 2018, lleva 20 goles y otras tantas asistencias en todas las competiciones con el Chelsea.

El conjunto inglés tenía la eliminatoria donde quería ante un Barça que seguía pecando de romo y al que comenzaba a perderle la ansiedad. Después de un par de contras desaprovechadas, el Chelsea cometió su único error del encuentro. Y un error suele ser suficiente para que Messi lo castigue. El argentino no le había marcado nunca a los ingleses y decidió que era un buen momento para romper su gafe. Un mal pase de Christensen en la salida de balón y una recuperación de Iniesta fue suficiente. El manchego le dejó un caramelo en la frontal, un penalti corrido. Lo sabía Courtois, que lo único que pudo hacer fue intentar adivinar por dónde iría el pase a la red de Messi. Perdió. El Camp Nou decidirá.

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