Todo se decidirá en Old Trafford en la eliminatoria de Champions League entre Sevilla y Manchester United. Así lo quiso David de Gea. El portero español fue lo único que pudo superar el conjunto andaluz, que dominó al equipo de Mourinho de principio a fin sin lograr el premio del gol. El técnico portugués, que busca controlar hasta lo más mínimo en este tipo de encuentros, pareció conformarse siempre con el resultado inicial para resolverlo todo en suelo inglés. A pesar de las inversiones multimillonarias y los vaivenes en la plantilla, el valor más firme y seguro del United sigue siendo De Gea.

Salió el United sin Paul Pogba, una de las grandes sorpresas en el once que poco tardó en salir al césped por la lesión de Ander Herrera. La alineación de los diablos rojos, que por centímetros bien podía confundirse con algún quintento de la NBA, abrumaba por su físico, pero apenas dejó rastros de fútbol en el Sánchez Pizjuán. El único argumento eran los balones a Lukaku, que a modo de pivot trataba de postear a la espera de que alguien le ofreciese una ayuda. Nunca la tuvo.

El equipo de dirige Vincenzo Montella completó uno de los mejores partidos de la temporada. En ataque, pero también en defensa. Mercado y Lenglet estuvieron perfectos peleando contra el gigante belga y no le dieron opción. También Nzonzi, barriendo todo lo posible para dejarle el camino limpio a Banega. En sus botas empezaba todo el ataque sevillista, al que sólo penalizaron las malas decisiones en los últimos metros.

Eso y el muro que suele acompañar a De Gea allá donde juega. No creó demasiado peligro el Sevilla, pero cuando consiguió zafarse de la férrea cobertura inglesa vio como el español frustraba dos goles hechos. En apenas un minuto realizó dos paradas que muchos porteros no son capaces de firmar en toda su carrera. Primero en un remate de Mercado y después tras un cabezazo de Muriel a quemarropa que sin duda quedará en los libros de esta edición de la Champions.

No tuvo mucho más el encuentro, que con el paso de los minutos fue transmitiéndole a ambos equipos el recuerdo de que quedaban 90 minutos para la vuelta. Mourinho hizo un último amago sacando a Martial y Rashford, velocistas para castigar la desesperación de un Sevilla que se comportó como un equipo maduro en el tramo final, confiado de que podrá repetir plan en Manchester y esperando que De Gea esté menos inspirado.

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