Antonio Conte y él se estrecharon la mano y no el pescuezo, lo cual ya resultó un triunfo del fair play. Después, José Mourinho entregó su libreta a un pequeño aficionado. Suponemos que todas las páginas estaban en blanco, visto lo visto sobre el césped. A continuación, mientras caminaba hace el túnel de vestuarios y en el estadio retumbaba el “Glory, glory, Man United“, le indicó a la grada que lo jaleaba y a las cámaras que lo enfocaban que desviasen su atención hacia los jugadores de la camiseta roja. Para ellos debían ser los vítores por el triunfo 2-1 del Manchester United ante el Chelsea. Porque si el grupo de Mourinho es segundo en la Premier League y sigue vivo en Champions pese a los bodrios que perpetra, es a menudo por un arrebato de sus mejores jugadores. En esta soleada tarde de domingo, de Romelu Lukaku

El delantero belga que se marchó del Everton tras un consejo vudú, estaba en un trance mágico. Como prueba de ello, su carrera en el minuto 92 de partido, una arrancada plena de potencia en la que cruzó medio campo despojándose de defensas azules que no entendían cómo al poderoso ariete aún le quedaba el aire en los pulmones que ellos echaban en falta. Antes de todo eso, Lukaku había resuelto el encuentro en dos acciones. 

La primera supuso el empate tan solo siete minutos después de que Willian abriese el marcador para los londinenses. El extremo del Chelsea parecía seguir disputando su magnífico encuentro de Copa de Europa frente al Barcelona cuando en el minuto 32 de partido despejó un balón en su área, recogió el rechazo, lo condujo hasta los pies de Eden Hazard y este le devolvió el favor en forma de pase definitivo. Tras correr de área a área, Willian se plantó ante David De Gea y lo sorprendió apuntándole directamente. Su disparo seco fue demasiado veloz para que lo atajase el portero del United antes de que lo rebasase. Era la confirmación del mejor inicio visitante, tan frenético que Morata estrelló un balón en el larguero en la primera acción del partido. 

El encuentro se le iba al United, incapaz de contener la puesta en escena de los de Antonio Conte. Pero en un partido lleno de imprecisiones sucedió lo más difícil. Los locales hilvanaron una jugada de tiralíneas en el corazón del área y de la defensa blue. Lukaku controló de cabeza y cedió a Alexis Sánchez; este, filtró la pelota a Martial; y el francés, de un solo toque en el área de castigo, se la entregó al nueve, que la protegió, acomodó y alejó de Courtois con la frialdad que se le supone a un ariete de 85 millones. El empate salvó a los de Manchester

Tras el descanso, los diablos rojos salieron dispuestos a jugar en campo rival. Pero este equipo de Mourinho es demasiado largo, está estirado de un área a otra y por eso cada vez que una pelota caía a pies de Pogba o de Alexis, los dos peloteros más preclaros del equipo, ninguno de ellos encontraba con quien asociarse a pocos metros. El chileno lo consiguió una vez en una acción de videojuego de la que participaron Lukaku y, para desgracia de los locales, Courtois. Sánchez centró cayéndose un balón precioso que el delantero belga remató de potentísima tijera en el aire y que su compañero de selección y rival desvió con unos reflejos felinos. Esa no fue la segunda acción decisiva del delantero. 

La auténtica llegaría en el minuto 75, cuando Romelu recibió en el pico derecho del área, se zafó con una buena maniobra de dos defensores del Chelsea y centró de maravilla una pelota a la frente de Lingard, recién ingresado en el campo y camuflado entre los centrales para rematar de cabeza libre de marca. Esta vez el portero visitante solo pudo mirar. 

Conte tocó a rebato con la entrada de Pedro, Fábregas y Giroud. Ninguno auxilió a un solitario Morata, que llegó a marcar un gol (mal) anulado por el árbitro, mientras que Willian bastante hacía con seguir en pie. La mejor decisión del Manchester United fue seguir siendo igual de largo en el momento de defenderse, con sus delanteros entorpeciendo la salida de balón del Chelsea. Todo lo malo del equipo de Mourinho resultó bueno para cerrar la victoria y hundir a los de su rival italiano en la quinta plaza de la Premier

Después regaló los aplausos a Lukaku y una libreta a un niño. En ella había una hoja arrancada, una nota que Mou había entregado a sus jugadores. En el resto de la libreta no quedaba nada de fútbol.

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