Nada más pitar el árbitro el final del encuentro de ida en el Bernabéu, el PSG se encargó de calentar la vuelta avisando que la eliminatoria no estaba decidida. Que el Real Madrid iba a tener que sufrir en el Parque de los Príncipes si quería seguir en la Champions League. Esa amenaza de infierno se intensificó en los días previos, con la carta blanca de la que siguen disponiendo los ultras en el fútbol europeo. Esos aficionados, precisamente, escenificaron perfectamente al inicio del partido y tras el descanso lo que es el equipo francés cuando llegan las grandes citas continentales: todo humo. El mismo que el de sus bengalas.

Porque el conjunto de Unai Emery nunca pareció creer en la remontada. Acusando la baja de Neymar, ningún jugador parisino dio un paso adelante. Todo lo contrario, varios volvieron a quedar retratados, como Di María, que se pasó más tiempo en el suelo que de pie y, como recordando viejos tiempos, le entregó la mayoría de balones a jugadores del Real Madrid. Nunca debería ser excusa la ausencia de Neymar en un equipo que gasta como el PSG, pero menos todavía que Zidane tampoco pudo contar con Modric ni Kroos y decidió prescindir de Gareth Bale.

Porque, por suerte, en el fútbol todavía hay cosas que el dinero no puede comprar y una de ellas es la categoría. Categoría de jugadores que rinden a su mejor nivel en los momentos decisivos. Como Sergio Ramos, completando una gran primera parte, o Casemiro, que recuperó todo balón que se acercaba al área blanca y esta vez, además, distribuyó siempre con criterio.

Apenas pasaron cosas en la primera parte. El Madrid supo jugar con inteligencia y pausa, mientras que su rival no tenía ni un solo argumento para llegar a Navas. Como en la ida, Dani Alves era el único recurso del PSG en tres cuartos, y eso lo acabaría pagando. Poco después de empezar el segundo tiempo, el brasileño debió de sentir en un momento todo el peso de los años. Marco Asensio le robó la pelota, lo hizo retroceder y cuando lo tuvo controlado le tiró un caño para encontrar a Lucas Vázquez en la frontal. El gallego le puso un preciso centro para que Cristiano Ronaldo no faltara a su cita con el gol en la Champions.

Ahí se acabó la eliminatoria, en parte porque poco después Verrati decidió tirarse del barco. Con una amarilla, el italiano se encaró con el árbitro tras una falta no señalada y vio la segunda cuando quedaba casi media hora. Esos últimos 30 minutos fueron tan intrascendentes como la presencia del centrocampista en otro partido grande. La suya y la de un Cavani que consiguió su gol cuando el Madrid bajó la guardia, pero que deambuló durante los dos partidos. Ni el consuelo del empate se llevó el PSG, ya que Casemiro vio recompensado su partido firmando el tanto del triunfo.

Gloria blanca, que seguirá buscando su tercer título europeo consecutivo, esta vez más necesario que nunca tras haber dimitido ya de la Liga y quedar eliminado en la Copa. Decepción total francesa, una vez más sin dar la talla en la Champions y con muchos señalados.

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