La afición del Liverpool se ha acostumbrado a lo bueno. Desde que Jurgen Klopp entrena a los Reds, Anfield disfruta con partidos vibrantes, de ida y vuelta, plagados de ocasiones para los suyos por el potencial de sus atacantes e incluso para el rival por la flojera de su defensa, y que se traducen en resultados con muchos goles. Pero nadie recordará la noche del 6 de marzo del 2018, esa en la que Liverpool y Oporto han redefinido el concepto de trámite en el fútbol moderno. 

Ingleses y portugueses empataron a cero en un encuentro totalmente estéril después del 0-5 de la ida en el Estadio do Dragão. El técnico alemán rotó a su plantilla y el responsable de los lusos, Sergio Conceiçao, dio una inesperada titularidad a Iker Casillas, al menos decisivo para que el Liverpool no ganase también este choque, evitando el gol de Danny Ings muy cerca del final. 

Antes, Sadio Mané volvió a hacer trizas la zaga del Oporto, tal como había hecho en la ida. El senegalés chutó al poste en la mejor ocasión de los británicos en el primer acto, mientras los visitantes deambulaban por el césped de Anfield. El brasileño Roberto Firmino malogró otra buena opción ya en la reanudación, con el beneplácito de un Oporto más pendiente del regreso a casa que del propio partido. 

De ahí al final, destacar la buena acción de Casillas ante Ings, que sirvió para que el portero internacional español se llevase una agradable ovación de la mítica grada de The Kop. Es quizás el highlight de una noche helada en Liverpool, en la que los muchachos de Klopp confirmaron su pase a los cuartos de final de la Champions frente a un Oporto que les hizo cosquillas en 180 minutos. La pólvora del Liverpool queda para ocasiones más rutilantes y como uno de los peligros ocultos del bombo de cuartos de final de la Champions League.