El West Ham es el protagonista de la jornada en la Premier League. Pero no precisamente por sus resultados ni su juego ni por David Moyes (bueno, un poco por Moyes sí). El caso es que en el seno interno de la afición de los Hammers hay un conflicto latente desde que el equipo londinense se mudó al olímpico London Stadium, dejando el tradicional y con encanto Upton Park después de más de 100 años. Y eso no se lo perdonan a la dirección del club, personificada en David Gold, David Sullivan y Karren Brady. Es una vieja disputa entre el viejo y el nuevo fútbol, mezclada con unas desagradables gotas de hooliganismo y extrema derecha, que ha provocado un cóctel explosivo que ha detonado en el partido contra el Burnley. Lo aprovecharon los visitantes para un 0-3 que nadie recordará, porque aficionados del West Ham saltaron al campo, se encararon con los jugadores de su equipo, cogieron el banderín del córner y lo clavaron en el centro del campo, se pelearon entre ellos en las gradas, amenazaron a la directiva…

Las escenas desde el estadio que acogió las pruebas de atletismo de Londres 2012 fueron lamentables. No es un comentario objetivo. Lo dijeron los protagonistas. “En mi carrera no había dirigido un partido con un ambiente similar. Los aficionados deben de saber que hay una línea que no se puede cruzar, y es la de saltar al campo”, dijo un David Moyes que bastante tiene con intentar evitar la caída del West Ham a la Championship. “Sabemos que todo esto no va contra los jugadores. Pero si alguien salta al campo yo me voy a defender“, dijo el capitán Mark Noble, que agarró a uno de los invasores y sale en todas las fotos con gesto de querer patear a alguno. Noble tiene 30 años, es seguidor del West Ham y vive su sueño de ser capitán del equipo. “Si conseguimos salvarnos, quién sabe si en verano podremos cambiar algo”, tendió la mano Noble. 

Su compañero James Collins fue fotografiado amenazando a otro violento que saltó al césped con intenciones poco claras. Los hechos se fueron enconando con cada gol de Burnley, que se dedicó a lo suyo. Los suplentes del conjunto de Sean Dyche salieron de sus asientos en el banquillo para dejar que niños en las gradas cercanas se sentasen lejos de la confusión. Hubo insultos, peleas y sobre todo amenazas y lanzamiento de objetos contra el palco. Los directivos que seguían el choque desde sus sitios VIP salieron antes de que terminara el partido, temiendo por su propia seguridad. Todas las imágenes retrotraen a los peores momentos del hooliganismo inglés.

En la misma semana, el presidente de una asociación de aficionados del West Ham denunciaba en The Guardian serias amenazas contra él y su familia por su postura contraria a la directiva del club. Todo después de que otras asociaciones se hayan confabulado con los cuestionados ejecutivos de la entidad londinense para frustrar una marcha multitudinaria de protesta. La pimienta al asunto es que esos aficionados que se asociaron con los cuestionados Brady, Sullivan y Gold tienen peligrosos antecedentes por violencia en los campos y diversos incidentes xenófobos y relaciones con la extrema derecha. 

La Premier League seguramente sancionará al West Ham porque todas las medidas de seguridad de los conocidos stewards fracasaron de manera increíble. “Hemos lanzado una investigación de manera inmediata y exhaustiva, y estamos dispuestos a tomar una decisión apropiada. Hemos convocado una reunión de urgencia con los accionistas del London Stadium”, se limitó a manifestar el club, una tarde que puede cambiar la historia del clásico West Ham.

No Hay Más Artículos