¡Oh, el fútbol, hermoso espectáculo! ¡Oh, el fútbol, escenario para las pasiones! ¡Oh, el fútbol, a menudo un grotesco teatro que no merece el nombre de deporte! No estamos tan lejos del momento en el que se precisen dos palabras diferentes para nombrar, por un lado, al juego en sí, y por el otro, a las circunstancias que lo rodean. Por desgracia para la mayoría, el fútbol no es solo el gol de espuela de Coutinho que nos maravilló el pasado fin de semana, sino también el presidente del PAOK bajando armado al terreno de juego; el exdefensa y ahora comentarista Jamie Carragher escupiendo a una niña desde su coche; Maurizio Sarri comportándose como un cromañón con una periodista; y Paco Jémez… Bueno, Paco Jémez haciendo de Paco Jémez

En una delirante escalada de tensión en el fútbol europeo que comenzó con la vergonzosa invasión de campo de los aficionados del West Ham en Inglaterra, a continuación replicada por los hinchas del Lille francés, los griegos se empeñaron en demostrar que en sus estadios el nivel de locura siempre está un punto más allá. El presidente del Panathinaikos de baloncesto, Dimitris Giannakopoulos, ha perdido el primer puesto en el puesto de dirigentes deportivos helenos con problemas de gestión de la ira. Ese lamentable privilegio le corresponde ahora a Ivan Savvidis, presidente del PAOK de Salónica.

La policía griega ha emitido una orden de detención contra el responsable del club de fútbol que, sumamente alterado, armado con una pistola y acompañado de sus guardaespaldas, invadió el campo en el último minuto del partido contra el AEK de Atenas para protestar al árbitro un gol (bien) anulado a su equipo. Dos semanas antes, en el mismo estadio, el entrenador del Olympiakos, Óscar García, fue agredido con objetos lanzados desde la grada. Como la vehemencia de su hinchada no le parecía suficiente, Savvidis decidió ahora amedrentar al colegiado con una pistola. 

Mientras las fuerzas policiales acuden a arrestar al dirigente, el ministro de Interior de Grecia, Panos Skurletis, afirmaba que “lo que vimos es un ataque al honor del fútbol griego. Dañan al club y a los seguidores del equipo. Que alguien entre al campo con una pistola en la mano es una provocación inadmisible, independientemente de lo que haya ocurrido”. Y las autoridades han decidido suspender la Liga griega por la gravedad de lo sucedido.

El catálogo de barbaridades asociadas al resultado de un partido de fútbol no se quedan en el Mar Egeo. Al corajudo e histórico excentral del Liverpool, Jamie Carragher, devenido en comentarista para la televisión, no le satisface que le recuerden las derrotas de su amado club ante su archirrival, el Manchester United. Ahora toda Inglaterra conoce que Carragher es flemático, pero de la manera equivocada: queremos decir que es capaz de escupir una enorme flema, como si fuese una llama andina, y no que mantenga la compostura en cualquier situación. 

Un vídeo difundido por el Daily Mirror muestra la secuencia en la que un aficionado del United, que viajaba acompañado por su hija de 14 años, le recuerda mientras conduce en paralelo al vehículo de Carragher, la victoria de los red devils con goles de Marcus Rashford: “¡Eh, Jamie. 2-1, mala suerte!”. La reacción del exjugador fue un colosal esgarro que impactó contra la muchacha que viajaba como copiloto y no había abierto la boca. La cadena de televisión para la que trabaja el scouser sancionará a su comentarista, que ya ha pedido disculpas. 

Y en el estertor de una semana marcada por las movilizaciones feministas del 8 de marzo, el entrenador del Nápoles, Maurizio Sarri, se bastó él solito para demostrar que el machismo campa a sus anchas. En la jornada 28 su equipo perdió el liderato de la Serie A tras empatar 0-0 contra el Inter de Milán. Sarri, arquitecto de un equipo que practica tal vez el fútbol más coral y hermoso de Europa en esta temporada, no pudo ocultar la decepción de verse superado en la tabla clasificatoria por la Juventus

Decidió pagarlo con una periodista que le preguntó la más pertinente y obvia de las cuestiones: si veía peligrar el título de liga por el que el Nápoles suspira desde el inicio del torneo. Sarri, tan cerebral para desplegar su 4-3-3 sobre el campo, usó las gónadas, que no el cerebro, en su respuesta: “Eres mujer, eres guapa, y por estos dos motivos no te mando a la mierda”. Tan reprobables como sus palabras fueron las risas del resto de hombres congregados en la sala de prensa del estadio Giuseppe Meazza.  

Sarri menospreció a la periodista por ser mujer. En España, Paco Jémez se enredó con otro reportero porque eso es lo que hace Jémez, técnico de la UD Las Palmas. Esclavo de su personaje, acostumbrado como está a cultivar la imagen de entrenador vehemente y exigente, el técnico cordobés reprodujo tras la derrota 0-2 ante el Villarreal una de esas broncas que adornaron su reciente paso por México

Primero acudió al habitual menosprecio propio, que tantos minutos de televisión le granjea: “Ha sido un desastre. Es para echarnos a todos a tomar un culo y traer otros 24, y me incluyo”.  Pero después de cuestionar su propio desempeño, no admitió que un periodista le preguntase si se había entrenado o no un cambio de sistema: “No voy a permitir que pongas en la tela de juicio mi trabajo. Yo soy un gran profesional”. Así comenzó una exhibición de indignación incongruente con lo sucedido, con un pie en la paranoia y otro en la manía persecutoria.  

Pero Jémez, aunque le pierdan las formas, se limitó a intentar defender (mal) su trabajo. Al contrario que otros lamentables protagonistas del fin de semana futbolístico en Europa, él no llevaba pistolas, no escupió y no cayó en el machismo. 

 

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