Ni en las victorias hay paz con José Mourinho. El portugués vuelve a ser una de las noticias de actualidad en Inglaterra, y no precisamente por el esplendoroso fútbol de sus hombres en la victoria copera del último fin de semana (2-0 sobre el Brighton). Más bien lo es por el humillante trato hacia uno de ellos, el lateral zurdo Luke Shaw, ya convertido en una constante a lo largo de las dos temporadas en las que lleva al cargo del Manchester United

El carrilero inglés, de 22 años, llegó a Old Trafford en 2014 por la considerable suma de 30 millones de libras en esa escalada inflacionista de la Premier League. También estaba muy interesado en sus servicios el Chelsea, curiosamente entrenado entonces por Mourinho, quien ofreciera su particular visión sobre las razones del club londinense para apartarse de la pelea por Shaw: las excesivas demandas salariales del jugador hubieran desencadenado problemas en su vestuario. Que es justo lo que le sucede ahora en el United.

Según el diario Daily Telegraph, el comportamiento del portugués durante la primera mitad del choque ante el Brighton y sus declaraciones posteriores al encuentro han provocado malestar entre sus tropas, hasta el punto de considerarlo un caso de bullying. Mourinho machacó a gritos al futbolista londinense durante los primeros 45 minutos y luego le criticó públicamente en rueda de prensa, en el enésimo episodio de estas características entre ambos

Lamentablemente para el luso, la situación empieza a cansar también a sus jefes, que diría Guardiola. En la planta noble de Old Trafford creen que la actitud de su entrenador con el joven inglés es injusta y excesiva, hasta el punto de minar la moral de uno de los más prometedores jóvenes de su plantilla. Además, Luke Shaw solo tiene contrato hasta 2019, y los dirigentes del United consideran que su renovación es muy improbable en estas condiciones. 

Es uno de los muchos frentes abiertos de Mourinho, ya sin demasiado crédito entre la afición después de la eliminación europea ante el Sevilla. Lo que le falta ahora es perder totalmente al vestuario, como ya le ocurrió en su segunda etapa en el Chelsea, y lo que sería peor, que la confianza de sus directivos se esfumase. Coleccionando enemigos por todas partes está condenado a terminar saliendo por una puerta trasera.