Los tres grandes clubes de Grecia tienen como responsables a tres buenas piezas. El presidente del Panathinaikos de baloncesto, Dimitris Giannakopoulos, tiene un amplísimo historial de amenazas arbitrales y desafío a la Euroliga, y cualquier día salta a la pista para pegarle a un rival o a un colegiado. El primer directivo del PAOK, Ivan Savvidis, saltó al césped en el último partido de la liga de fútbol griega ahora suspendida armado con una pistola para protestar por una decisión arbitral equivocada. Y ahora, el presidente del Olympiakos, Evan Marinakis, completa la triología de presidentes complicados en la élite deportiva helena, porque ha sido acusado de posesión y tráfico de drogas, además de pertenencia a una organización criminal.

La acusación es por dos toneladas de heroína de nada. Según la fiscalía de Pireo, la localidad helena donde se enraizó el Olympiakos, Marinakis está implicado en una organización que fletó en el 2014 un petrolero que saldría de Grecia camino de la Europa del Este con un cargamento de miles de kilos del derivado del opio. Marinakis niega las acusaciones y dice que está siendo objeto de una conspiración. “Nunca he tenido nada que ver con los hechos que están siendo investigados, y el resultado estoy seguro de que confirmará mi inocencia. El presidente del Olympiakos denuncia que la supuesta conspiración viene de altas instancias gubernamentales y mediáticas.

Casualmente, Evangelous Marinakis también está acusado de amañar una serie de partidos de la liga griega. Quizás por eso, el empresario especialista en el sector naval, directivo de varias empresas y además miembro del gobierno local de Pireo diversificó su negocio futbolístico pagando 57 millones de euros para hacerse con el control del histórico Nottingham Forest inglés.

De ahí que la noticia ha tenido amplio eco en las islas. A diferencia de en Inglaterra, en Grecia Marinakis posee también un periódico para hacer de contrapunto ante los poderes fácticos que él cree que quieren acabar con la carrera de este hombre de negocios de 50 años. Así que tiene más problemas para defender ante su nueva afición que la investigación de la fiscal Eirini Tziva, que dura ya 3 años, es una patraña.