Si no media milagro en el encuentro de vuelta, Pep Guardiola será uno de los protagonistas negativos de la eliminatoria de cuartos de Champions League que enfrenta a Manchester City y Liverpool. El técnico quiso protegerse del poderoso tridente Red prescindiendo de Rasheem Sterling para colocar a Gündogan en el centro del campo. Ahí probablemente empezó a despedirse de la máxima competición europea y frustrar la temporada del City en la Champions League.

Porque el que no dudó ni un segundo fue Jurgen Klopp. Tampoco varió su plan. Presión adelantada, muy agresiva y electricidad para contragolpear. La presión del escenario hizo el resto, agarrotando de tal forma a los jugadores del Manchester City que apenas lograban dar tres pases seguidos. Media hora fue suficiente para que los de Anfield desataran la tormenta perfecta.

El encargado de canalizar todas esas revoluciones fue, como no, Mohamed Salah. El egipcio sigue saliendo a exhibición por encuentro y con su zurda de seda se encargó de abrair el marcador culminando una contra que él mismo había llevado y ponerle un balón teledirigido a Mané en la cabeza para hacer el tercer tanto en media hora. Antes había tenido tiempo Oxlade-Chamberlain para fusilar a Ederson con un misil desde fuera del área.

No tuvo ninguna respuesta ni Guardiola ni tampoco el conjunto citizen. En la primera parte sin balón, en la segunda sin ideas para irse sin disparar a puerta. Muchas de las estrellas que están a punto de alzarse con el título de la Premier más dominada de los últimos años, se diluyeron como azucarillos. Gündogan quedó retratado, evidenciando que las numerosas lesiones no le permiten ya estar al nivel de este tipo de citas. También Fernandinho o De Bruyne, que apenas aparecieron. E incluso Sané, el único recurso del City, que estuvo tan participativo como impreciso.

Los de Manchester lo buscaron hasta el final, pero el Liverpool completó un segundo tiempo muy serio defendiendo el botín de sus antológicos primeros 45 minutos. Si bien no le asegura nada, el 3-0 le permitirá presentarse en el Ettihad con una renta amplia y la confianza por las nubes. La gran esperanza para Guardiola será que seguramente no pueda estar Salah, que se retiró por lesión, pero tendrá que trabajar mucho para quitarle de la cabeza las dudas a sus jugadores… y a sí mismo.