El fútbol es un fenómeno tan extraordinario que existen ciertas ocasiones en las que se hace casi imposible describir un partido. El derbi de Manchester entra desde ya mismo en esta categoría, un choque de alto voltaje con dos partes totalmente opuestas y en las que el United apeló a la historia de su escudo para aplazar el alirón de su rival local cuando posiblemente nadie se lo hubiera imaginado. Paul Pogba y Chris Smalling dieron la vuelta al marcador después de que Vincent Kompany e Ilkay Gundogan colocasen al cuadro de Pep Guardiola a punto de conquistar su merecida Premier League. 

El primer acto sólo tuvo un color, el celeste del Manchester City. Su plan con falso 9 salía a la perfección, y sus jugadores de ataque destrozaban las líneas enemigas con facilidad. Bernardo Silva contó con la primera oportunidad clara de la tarde, desbaratada por un De Gea decisivo por enésima vez. Los Citizens ahogaban a un United desarbolado y así Kompany abría el marcador a la salida de un córner. Casi de inmediato, Gundogan subía el segundo tras una maniobra prodigiosa en el área. En estos momentos, el partido y el campeonato parecían finiquitados. No había ni un atisbo de duda tras la escandalosa derrota entre semana en la Champions ante el Liverpoo.

Posiblemente lo hubiesen estado al 100% si la puntería de Raheem Sterling no se hubiera evaporado. El inglés dispuso de dos mano a mano contra De Gea pero en ninguno fue capaz de materializar la clara superioridad de su equipo, para desesperación de Guardiola. Aún así, ese 2-0 y la semejante paliza a la que estábamos asistiendo hacían presagiar más de lo mismo en la segunda mitad. Craso error por parte de todos…

Lo que ocurrió en el vestuario de los Red Devils solo lo saben los allí presentes, pero el Manchester United regresó al césped como un grupo totalmente distinto. Los de José Mourinho adelantaron líneas y empezaron a presionar con mayor ímpetu al City, plasmando su mejoría con el inmediato gol de Pogba, tras una fenomenal asistencia de Ander Herrera con el pecho. Sin embargo, el protagonista de la previa al encuentro no se quedaría ahí, y empataría poco después con un cabezazo. Lo que parecía sentenciado estaba más abierto que nunca. 

Con el City todavía noqueado, Alexis colocó otro centro en la testa de Smalling para subir el 2-3 y desatar la locura entre la grada visitante. Guardiola, aún incrédulo, introducía a Agüero, De Bruyne y Gabriel Jesús para lanzarse al ataque, pero un colosal De Gea evitó la igualada del argentino y Sterling se topaba con el poste para alivio visitante. Entre medias, un clarísimo penalti de Young sobre el Kun, que provocó la ira del City y, de paso, la pérdida de cabeza de alguno de sus futbolistas, como el sospechoso habitual Fernandinho. 

Sea como fuere, los Red Devils aguantaron el arreón final de los Citizens y conquistaron un triunfo que, como todos, vale tres puntos pero que supone un durísimo golpe moral a sus vecinos. El City será campeón tarde o temprano, aunque nadie contaba con un desenlace así en el que podría haber sido su gran día. Y ojo, porque el martes tienen una auténtica final europea contra el Liverpool

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