Hay maneras y maneras de caer en una eliminatoria a doble partido. Están las derrotas humillantes como la de ayer del Barça y después están otras en las que, además de no perder, te despides de una competición con la cabeza bien alta. En esta última categoría ha entrado el Sevilla, que tras empatar 0-0 en el Allianz Arena dice adiós a la Champions League, mientras el Bayern accede a las semifinales un año más. 

Jupp Heynckes no salió a especular pese al 1-2 de la ida y plagó su ataque de futbolistas rápidos y habilidosos. Los bávaros dominaban los primeros compases, mientras el cuadro andaluz prefería esperar replegado a que surgiera alguna contra. Con este planteamiento muy marcado transcurrió una sosa primera mitad, exceptuando las constantes carreras de los incombustibles Robben y Ribery por los costados. El francés tuvo la única clara a los 38 minutos pero David Soria respondió bien. 

El Bayern salió más decidido todavía en la reanudación, y Lewandowski estuvo a punto de abrir el marcador con un testarazo que lamió el poste. A partir de ahí, los locales se hicieron amos y señores de todo lo que ocurría sobre el césped, disponiendo de varias llegadas más, aunque no tan claras como las dos anteriores. El Sevilla dispuso de una única en la cabeza de Correa, que les hubiera metido de lleno en la eliminatoria, pero el balón optó por dirigirse a la madera. 

De ahí al final, el choque se volvió bronco, con Lewandowski llevándose golpes por todas partes y el propio Correa expulsado por una patada sin sentido a Javi Martínez. Fue un triste final para un bonito enfrentamiento entre un Bayern que cumplió con su rol de favorito y un Sevilla que compitió con mucha dignidad frente a un coloso continental, el único equipo de Europa capaz de finalizar la temporada con un triplete