Durante muchos años se discutirá si en aquella noche de abril Lucas Vázquez se murió o a Lucas Vázquez lo mataron. Figuradamente. El caso es que el extremo del Real Madrid se cayó en el área de la Juventus de Turín tan pronto como notó el contacto del defensa Benatia en su espalda. Jamás podremos saber cuánto hubo de empujón y cuánto de fingimiento en el desplomarse del futbolista, pero habría que saberlo. Porque esa acción forma ya parte de la historia universal de la infamia de la Champions League. El árbitro inglés Michael Oliver señaló penalti. No uno cualquiera. Señaló EL PENALTI. El que permitía al equipo español anotar el 1-3 que lo clasificaba para la semifinal del torneo

En esa jugada importaba tanto el cómo como el cuándo. Era el minuto 93, el último del descuento de un partido encaminado a una prórroga inimaginable. Porque tras la debacle del Barcelona en Roma la noche anterior, nadie concebía que el archirrival de los catalanes pudiese permitir un desastre semejante, y menos todavía en su estadio. Pero en el minuto 2 de partido el marcador del Santiago Bernabéu señalaba ya 0-1 a favor de la Juve. Mario Mandzukic había rematado de cabeza una asistencia de Khedira tras una jugada de Douglas Costa

Eso pasó mucho en el primer tiempo: jugadas de Douglas Costa. En ausencia del sancionado Paulo Dybala, el entrenador Max Allegri dejó al brasileño que disfrutase en los espacios que el defensa madridista Marcelo descuida cuando hace el trabajo por el que verdaderamente le pagan, el de delantero postizo. Así que el Madrid sufrió a menudo. Con el paso del tiempo también fue capaz de amenazar a Buffon. Pero esta vez, a diferencia del encuentro de ida, no hubo chilenas imparables. El veterano meta rechazó los tiros fáciles y los difíciles, como un mano a mano contra Isco.

En el minuto 37 Zinedine Zidane se empezó a rascar su testa lironda. De nuevo Mandzukic acertaba con la red, en esta ocasión a pase de Lichtsteiner, que había sustituido al lesionado De Sciglio. Al Madrid se le ponía cara de Barcelona y los bianchoneri parecían giallorossi

Dos fuera de serie como Modric y Bale, nefastos, se quedaron en el vestuario durante el descanso. El Bernabéu recibió con enardecido patriotismo a Asensio y Lucas Vázquez en su lugar. Pero los nervios ya habían escogido quedarse bajo la piel del equipo local y abandonar al visitante. Tal era el tembleque que a Keylor Navas se le puso cara de portero al que le van a fichar un reemplazo. Se le escurrió un balón que tenía (o eso creía) atrapado contra el pecho. Matuidi decidió desempaquetar el regalo. Minuto 61, 0-3 y media Europa frotándose los ojos. 

Para entonces Zidane ya no sabía ni qué hacer. Se traicionó a sí mismo olvidándose de su favorito, Benzema, el hombre que mejor activa a Cristiano Ronaldo. Apostó por Kovacic, y eso que al Real Madrid le urgía el gol. Con el encuentro camino de la prórroga, la Juve sabía que el tiempo jugaba a su favor: con la eliminatoria empatada, al ser el visitante un tanto suyo obligaba al local a anotar dos. 

Los italianos contemporizaron y los españoles aceleraron. Buffon lo controló todo hasta que no pudo controlar sus nervios. Cuando vio a Michael Oliver señalar penalti en la última jugada del partido mientras él ya tenía el balón en sus manos para continuar el juego, se dio cuenta de que iba a retirarse sin alzar la Champions League. Se lo hizo saber de forma vehemente al árbitro, con la indignación de todos los aficionados que no madridistas asombrados por la decisión. Oliver despidió al portero italiano de Europa con una tarjeta roja. Desde el banquillo rival, Zizou entendía cómo se sentía el cancerbero al marcharse así en un partido así de importante. 

En medio del estupor entró el portero suplente Szczesny para intentar detener el lanzamiento decisivo. A Cristiano le hubiese dado igual que entrasen dos o tres porteros: marcó un obús de precisión a la escuadra con la misma velocidad con la que se sacó la camiseta para (nunca queda muy claro qué opción es la correcta) exhibir su musculatura y/o celebrar el pase de su equipo. 

Con el partido ya finiquitado, se vio a Higuaín hablando con Lucas Vázquez, recriminándole su papel de víctima propiciatoria en uno de los penaltis ya más famosos del siglo. El argentino, experto en ser diana de odios, seguramente le iba explicando al madridista cómo va a convertirse en villano eterno para la afición de la Juventus

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