Mohamed Salah sigue empeñado en hacer historia. El atacante egipcio ha liderado la paliza que el Liverpool ha endosado a su ex equipo, la Roma, en el primer asalto de las semifinales de la Champions League. El africano construyó una buena ventaja antes del descanso con dos obras de arte, para apuntillar a sus ex camaradas en el siguiente acto con varias asistencias. Los italianos solo pudieron reaccionar cerca del final, aunque los dos tantos que se llevan para casa tal vez no sirvan para mucho en esta ocasión. Porque repetir dos veces lo que hizo la Roma ante el Barça ya es mucho pedir…

Conociendo mínimamente a ambos equipos, era previsible un arranque de partido con mucho ritmo y así sucedió. Tanto unos como otros acechaban el área enemiga, aunque los primeros lanzamientos eran demasiado lejanos, como los de Chamberlain y Nainggolan. Más cerca estuvo aún Kolarov con uno de sus cohetes, repelido por el larguero de Karius. A partir de ahí, los Reds se hicieron con el mando y convirtieron el duelo en un monólogo. 

Sadio Mané avisó por dos veces, enviando el balón muy alto, antes de que Salah dejara boquiabierto al continente. Aprovechando el excelente trabajo de su compañero Firmino, el egipcio colocó el esférico donde ni siquiera un porterazo como Alisson puede llegar. Y al borde del descanso picó la pelota sobre la salida del meta tras otro pase del brasileño y un desmarque brillante. 

El paso por vestuarios no espabiló a los muchachos de Di Francesco, que seguían KO y comiéndose cada uno de los envíos largos de la retaguardia inglesa. En una de esas, Salah regaló el 3-0 a Mané; un suspiro después, hizo lo mismo pero con Firmino. El brasileño haría también el quinto, ahora en un córner lanzado por Milner. La Roma estaba en la lona y Anfield rugía al ritmo de Jurgen Klopp. El Liverpool era una apisonadora desde el ecuador del primer tiempo. 

El mítico templo de Merseyside se había puesto en pie para despedir a su faraón, justo el adiós que los italianos necesitaban para despertar. Edin Dzeko respondió ante el clásico obsequio de la zaga Red, esta vez personalizado en Lovren, para superar a Karius en el mano a mano. Casi de inmediato, Nainggolan chutaba desde fuera del área y el esférico tocaba el brazo de Milner, con la consecuente pena máxima convertida por Perotti. 

No metió más la Roma porque el partido estaba agonizando, aunque a Klopp no le gustaba lo que veía en los minutos finales, con sus chavales más relajados de lo recomendable y sufriendo. Más aún lo hará el cuadro romano la próxima semana si quiere remontar: otro 3-0 les valdría, aunque es difícil imaginar que el Liverpool no meta al menos uno. Tienen a un tal Mohamed Salah. 

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