Mohamed Salah es el hombre de la temporada en Inglaterra. Acaba de ser proclamado como mejor futbolista 17/18 en la Premier League y se encuentra a 90 minutos de liderar al Liverpool a la final de la Champions League. Todo ello, unos meses antes de capitanear la participación de Egipto en el Mundial de Rusia, campeonato en el que las esperanzas de su país recaen casi exclusivamente sobre sus hombros. Pero en medio de tantos elogios y alabanzas suelen colarse ciertos dardos hacia el único entrenador en su carrera que no confió en su fútbol: José Mourinho. 

El portugués era el técnico del Chelsea cuando el club londinense se hizo con los servicios de Salah en enero del 2014, aunque sus oportunidades durante aquel año natural habían sido tan escasas que los Blues le incluyeron (cedido) en el traspaso de Juan Cuadrado a principios del 2015. Desde entonces, una progresión meteórica pasando por Fiorentina y Roma hasta aterrizar en su casa actual, Anfield. El paso por Londres es el único asterisco negativo en su trayectoria, y Mourinho ha aprovechado la mínima ocasión para tirar balones fuera. 

“Dicen que fui yo el que vendió a Salah y es lo contrario, fui yo quien le dijo al Chelsea que lo comprara. A Londres llegó siendo un niño, físicamente no estaba preparado y mentalmente estaba perdido. Era todo muy difícil para él y quería más minutos, así que le mandamos cedido a la Fiorentina. Por entonces ya teníamos a Willian y Hazard, y ellos estaban a un nivel diferente. Eso sí, la decisión de venderle después no fue mía”, explicó el luso en una entrevista a la ESPN. 

Sin embargo, con lo que Mourinho no contaba es que varios periodistas y aficionados cercanos al Chelsea tirarían de hemeroteca para recuperar sus palabras en la época en que Salah hacía las maletas rumbo a Italia. Por entonces, el entrenador del Manchester United señalaba, en primera persona, que desde su club se mostraban abiertos a su venta porque tenía cinco competidores en la plantilla. 

Los futbolistas a los que Mourinho se refería eran los citados Hazard, Willian y Cuadrado, además de Oscar y Andre Schurrle (que abandonaría el club unos días después de la llegada del colombiano). Todos ellos por delante de Salah a ojos del portugués, que pretende ahora colgarse la medalla sobre su primera llegada a las islas, cuando su verdadero logro respecto al egipcio es el de haber sido el único entrenador en su carrera que le tenía acomodado en la grada. Para eso también hay que tener un talento especial. 

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