Nada hacía sospechar que Sir Alex Ferguson, a sus 76 años, iba a pasar a luchar por su vida hace una semana, cuando apareció sobre el césped de Old Trafford para, en un gesto que honró al Manchester United, homenajear a Arsene Wenger en su último partido con el Arsenal en el campo de los Diablos Rojos. Entonces, el mítico Fergie lució como siempre: sonriente, con esos mofletes y nariz sonrosadas que hacen suponer un licorcito previo, y aparentemente tan ágil y despierto como en los 27 años que estuvo dirigiendo al United. Pero lo impensable ocurrió este sábado, y Alex Ferguson tuvo que ser operado de urgencia por un derrame cerebral que puso su vida en serio peligro. 

“Sir Alex necesita un período de cuidados intensivos para optimizar su recuperación. Su familia pide privacidad en este asunto. Mantendremos a Sir Alex y sus seres queridos en nuestros pensamientos durante este tiempo, y estamos unidos en nuestro deseo para verle recuperarse cómoda y rápidamente”, se limitó a explicar el Manchester United en un comunicado oficial.  No se conocen muchos más detalles sobre la dolencia de Ferguson, que no había dado síntomas de problemas de salud desde su retirada en el 2013. De hecho, el escocés no vivía la vida de jubilado que se podía esperar de su edad y de su larga trayectoria. Implicado en libros de liderazgo y charlas del tema incluso en Estados Unidos, es un habitual en eventos futbolísticos relacionados con el United, y también en el palco de autoridades de Old Trafford.

Pero ahora Alex Ferguson pelea por su vida en una sala de recuperación del Salford Royal Hospital, el último de sus 47 títulos, 38 de ellos con el United, el entrenador más laureado del fútbol británico. Criado en una familia escocesa que tenía pensado convertirle en un operario a los 16 años, Alex Ferguson tuvo una discreta carrera como futbolista pero se disparó como entrenador, primero en el St Mirren, luego en el Aberdeen y después convirtiéndose en mito en el Manchester United.

La noticia del serio problema de salud de Fergie, el hombre que recuperó el nombre de los Diablos Rojos para la superélite del fútbol europeo y condujo al equipo de Manchester a convertirse en una potencia económica mundial, dejó en shock a todo el fútbol inglés, con mensajes de apoyo de las grandes estrellas que estuvieron a sus órdenes, como Cristiano Ronaldo y David Beckham (al que le hizo un hoyuelo nuevo tras lanzarle una bota a la cara). El boss seguro que lo agradece. 

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