El pasado 22 de abril, el Nápoles se convertía en la esperanza del cambio. El cuadro partenopeo había asaltado el Juventus Stadium y la Serie A se ponía al rojo vivo, con un punto de separación entre ambos a falta de cuatro jornadas por disputarse. Sin embargo, dos encuentros después la realidad es otra. Dos enemigos acérrimos de la Vecchia Signora, Fiorentina y Torino, frenaron en seco el avance de los hombres de Maurizio Sarri, poniendo en bandeja el Scudetto al vigente campeón por séptima temporada consecutiva. En estas dos semanas, además, se ha desatado una especie de guerra civil en San Paolo: una batalla dialéctica entre el presidente, Aurelio De Laurentiis, y su todavía entrenador que promete llevarse por delante el proyecto de este último. 

El detonante fue la derrota en Florencia. Tras el doloroso 3-0, el polémico productor de cine dedicó unas declaraciones al técnico de su plantilla, claramente enojado por las voces que vinculan a Sarri con otras escuadras europeas, como el Chelsea, el Borussia Dortmund o el Mónaco. De Laurentiis llegó a insinuar que su directiva sondea a diversos preparadores desde octubre, por lo que recibió una contestación después del empate ante el Torino: “Si el presidente está contento, bien; sino, lo siento, pero siempre puede optar por la opción de salida que tiene en su mano. Mi contrato tiene una cláusula de 8 millones de euros y hay días por delante para evaluar la situación”, respondió Sarri. 

Las palabras del entrenador napolitano han sido interpretadas en Italia como un adiós anticipado, el punto y final a un proyecto que arrancó en 2015, cuando Sarri reemplazó en el banquillo de San Paolo a Rafa Benítez. Desde entonces, el Nápoles no ha sumado ningún título pero ha enamorado a aficionados y rivales con un exquisito fútbol de ataque, personalizado en la explosión goleadora de Dries Mertens y que ha acumulado un 65,5% de victorias (95 triunfos en 145 encuentros totales). De hecho, esta misma temporada Pep Guardiola se deshizo en elogios hacia ellos tras vencer a la sombra del Vesubio en la fase de grupos de la Champions: “La gente dirá lo que dirá, pero yo sé contra quién hemos ganado. Probablemente es el mejor equipo que me he encontrado en mi carrera”. 

Tristemente, a De Laurentiis le ha derrotado la impaciencia y su verborrea habitual ha desatado una situación de no retorno en su relación con Sarri. El presidente napolitano no aprende, pues Gonzalo Higuaín ya señaló en su día que el productor cinematográfico había sido la razón por la que había decidido abandonar San Paolo, y hace apenas unos días Pepe Reina (ya firmado por el Milan) apuntó en la misma dirección. Su última víctima podría ser su entrenador, nacido en Nápoles pero que parece convencido de abandonar su tierra por dos poderosas razones: las sirenas que le llegan desde el extranjero y el alivio que supondría el no tener que aguantar a De Laurentiis.