No hay quien le tosa a la Juventus en el fútbol italiano. Ni siquiera esta temporada, en la que el Nápoles parecía pegar el estirón. La Vecchia Signora es la maestra absoluta del Calcio y lo ha vuelto a demostrar este domingo, empatando en un terreno hostil como el Olímpico de Roma y sumando el punto que le hacía falta para conquistar su trigésimo cuarto Scudetto, séptimo consecutivo. Unos números de leyenda, tal como reflejó el club nada más confirmarse el título. 

El partido en el estadio de la capital no tuvo demasiada historia. La Roma tenía amarrada su clasificación para la próxima Champions League tras el clásico batacazo del Inter de Milán, que perdió el día antes en casa contra el Sassuolo. Aún así, los giallorossi saltaron al césped dispuestos a arruinar la fiesta rival, especialmente por la animadversión que despiertan en la grada los ex como Pjanic o Szcsesny. Dzeko y Nainggolan intentaron probar al portero polaco desde lejos pero apuntaron demasiado alto. 

De las tropas de Allegri, poca aventura en ataque. Higuaín parecía un adorno más que el ariete titular del equipo campeón y solo su compatriota Dybala ofrecía algo diferente, con el habilidoso Bernardeschi más inclinado hacia labores defensivas. De hecho, la Joya abrió el marcador nada más arrancar la segunda mitad, pero el tanto fue correctamente anulado por posición adelantada. Mientras, los locales amagaron con el típico zapatazo lejano de Kolarov. 

A los 68 minutos, eso sí, el partido se acabó. Nainggolan veía la segunda amarilla por una dura entrada sobre Dybala, y el conformismo de unos y otros se multiplicó. Posesiones eternas sin la más mínima incomodidad enemiga fue todo lo que ocurrió desde ahí hasta el final. Con el pitido arbitral, la Vecchia Signora celebró sobre el césped su tiranía absoluta en el Calcio, con su cuarto doblete seguido tras el triunfo copero de hace unos días sobre el Milan. Siempre se dice de la Bundesliga y también de la Ligue 1 desde el renacimiento del PSG, pero en Italia es la misma historia.