La escena podría parecer un choque de culturas más que una reunión de negocios. Thomas Tuchel es un entrenador joven, de 44 años, pero con un aspecto de hombre blanco luterano y conservador; su anfitrión en París tiene 20 años menos, muchos millones de euros más y vive en una mansión alquilada para llenarla de colegas en sandalias Havaianas y, ocasionalmente, mujeres en bikini. Neymar suele estar en casa sin camiseta, como si viviese en su mansión de Río de Janeiro. Cuesta creer que el personal que atienda al brasileño en casa le sirviese café en un delicado juego de mesa a Tuchel para su primera reunión formal. El caso es que el Süddeutsche Zeitung afirma que el oficioso nuevo entrenador del PSG y el ¿oficioso? jugador franquicia del club francés se vieron las caras para empezar a poner las piedras filosofales del nuevo proyecto parisino.

Tuchel cumplió así con su primera misión como técnico del PSG, club que tiene previsto anunciarle oficialmente en unos pocos días. Neymar es un nombre muy rentable para los medios de comunicación y la planificación SEO de sus noticias, porque el Real Madrid sigue insistiendo en un fichaje que arrasaría el panorama del fútbol europeo y acabaría con el nuevo paradigma que parecía instaurar la contratación del brasileño por el PSG. La información del Süddeutsche Zeitung no da más detalles de lo que se dijeron entrenador y futuro pupilo, pero se supone que Tuchel llega a París para solucionar todos los problemas futbolísticos que Unai Emery no logró amañar, y las cuestiones de ego que derivaron de la llegada de Neymar al vestuario parisino.

Las versiones desde el interior del PSG difieren desde la de Marquinhos diciendo que seguro que Neymar regresará para la próxima temporada y la de Rabiot asegurando que el brasileño llegó a perder la alegría con el transcurso de las semanas en París. Tuchel deberá crear el ecosistema propicio para dilatar lo máximo posible la puesta en marcha de la inevitable maquinaria comercial del entorno de Neymar y que acabe buscando otro movimiento sísmico en el mercado. La figura del técnico alemán tampoco es que encaje como un guante en el juego de tronos del PSG: Tuchel fue designado a dedo por el jeque Nasser Al-Khelaifi, pasando por encima del criterio del secretario técnico Antero Henrique. De la profesionalidad de éste para llenar los huecos en la plantilla parisina ateniéndose a los criterios de un entrenador que él no escogió puede depender también el futuro de otro proyecto multimillonario.

Thomas Tuchel está viviendo a medias entre su Alemania natal y Bélgica, donde estudia francés a marchas forzadas, por más que más de la mitad de su vestuario hable otro idioma. Además de decidir quién va a ser su asistente (se rumorea que es Zsolt Löw, integrante del cuerpo técnico del Leipzig), sigue trazando su estrategia para afrontar un reto mucho mayor que el que vivió en el Mainz e, incluso, en el Borussia Dortmund. Pero la más importante tarea ya la ha tachado de su muy ordenada lista de cosas pendientes: sentarse junto a Neymar, escuchar un poco de funk de favela de fondo y dejarle claro quién es el que manda.