El Real Madrid tiene trece Copas de Europa. Trece. Una cifra absolutamente estratosférica a la que se ha sumado su última conquista continental, la edición 2018 en Kiev. El conjunto de Zinedine Zidane ha superado al Liverpool por 3-1 gracias a los tantos de Karim Benzema y Gareth Bale, por partida doble en el caso del galés, minutos después de entrar al campo. Claro que tanto el francés como el británico deben agradecer los regalos del portero del Liverpool, Loris Karius, tan decisivo en esta final de la Champions League como los goleadores merengues. 

Los Reds saltaron al césped decididos a sorprender al favorito desde el pitido inicial. La energía y presión de los ingleses impedía al Madrid superar el centro del campo, mientras Sadio Mané o Mohamed Salah maquinaban sus travesuras en el ataque inglés. El joven lateral Alexander-Arnold dispuso de la primera ocasión para los suyos con un disparo raso atajado por Keylor Navas, mientras Cristiano Ronaldo chutaba alto en la respuesta madridista. Cualquier efusividad de la tropa de Jurgen Klopp se evaporó cerca de la media hora, cuando su estrella egipcia abandonó el encuentro por lesión tras una caída con Sergio Ramos. La acción del central español sobre Salah ya es una de las imágenes de la historia de esta Champions.

Poco después también se lesionaba Carvajal, sustituido por Nacho, instantes antes de que Benzema viese puerta pero cuyo gol sería anulado por justo fuera de juego. Sería un anticipo del siguiente acto, ya que nada más comenzar, Isco envió el esférico al travesaño gracias a una dejada involuntaria de Adam Lallana, reemplazo de Salah, cuya ausencia en el campo dejó huérfano al fútbol del Liverpool. Entonces arrancaría el festival. En una acción sin el más mínimo peligro, Karius sacaba con la mano pero Benzema, muy cerca, estiraba la pierna para subir el 1-0 y anotar uno de los tantos más absurdos que se recuerdan en encuentros de estas características

Mané, el mejor del Liverpool, empataría de inmediato con una buena estirada, pero la alegría de los Reds duraría hasta la entrada de Bale. El galés sustituyó a Isco y en su primera intervención anotaría un soberano gol de chilena, a centro de Marcelo. Un tanto que reclama su sitio entre los mejores nunca vistos en una final de Champions League y que realza la cuestionada figura de gareth Bale en el Real Madrid. El veloz Mané pudo igualar de nuevo con un disparo a la madera, pero sería Bale, otra vez, el que modificaría el marcador. Esta vez con un pepinazo lejano al que Karius permitió entrar pese a sus estéril intento. Era la confirmación de que el Real Madrid tocaba el cielo europeo por decimotercera vez. El amo absoluto de la Champions League (por más que Cristiano Ronaldo quisiera estropearlo con su sorprendente confesión). 

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