El gol de Gareth Bale en la final de la Champions League disputada en Kiev es ya un clásico instantáneo en la memoria colectiva del fútbol europeo. Hacer un gol de esa dificultad en la escena más importante del deporte más seguido en el planeta añade riesgo y mérito por partes iguales. El Real Madrid ha ganado 13 Copas de Europa con esta última ante el Liverpool, y pocas con un gol de semejante calibre. Así que es inevitable pensar si el tanto de Bale es el mejor de la historia de las finales de la Champions League. Lo dejamos al criterio de otros, nos vamos a limitar a recordar otros goles que podrían competir con el del galés.

 –Zinedine Zidane. El más obvio competidor para Gareth Bale estaba en el banquillo del Real Madrid, alucinando con el gol de su jugador como mostraron las cámaras de televisión. La pregunta en la sala de prensa fue obligada: ¿fue mejor el de Bale que el que marcó Zidane en la final de Glasgow en el 2002, contra el Bayer Leverkusen? El técnico francés concedió a regañadientes que sí, algo que no hizo con el de Cristiano Ronaldo a la Juventus. ¿Otro elemento más para la rabieta del portugués? Sea como fuera, la hipnótica volea de Zizou desde la frontal del área es otra imagen en la memoria colectiva del fútbol europeo.

Hernán Crespo. La final de la Champions League del 2005 es recordada como una de las más locas y emocionantes de siempre. El todopoderoso Milan tenía al Liverpool 3-0 por debajo en el marcador, se dejó igualar y el partido llegó a los penaltis, donde los ingleses, dirigidos entonces por Rafa Benítez, levantaron su última Copa de Europa. Pero antes de eso, el Milan de Ancelotti pergeñó una obra maestra del contragolpe, con Kaká de lanzador tras una gran maniobra en campo propio y una definición al primer toque de Valdanito Crespo, preciosa picando el balón por encima de Dudek.

Ole Gunnar Solskjaer. El delantero noruego de cara infantil pero instinto asesino en el área marcó un gol no especialmente bonito en la final de 1999, pero que se recuerda hasta hoy por su efecto devastador en unos desmoralizados jugadores del Bayern de Múnich. El equipo germano iba ganando 1-0 en el minuto 90 de partido y encajó dos goles consecutivos en sendos saques de esquina antes del pito final, una de las remontadas más improbables de la historia. Solskjaer cazó el 2-1 y pasó alos altares del United, una Champions League que validaba el crecimiento de la Premier después de años muy oscuros.

Dejan Savicevic. La final de la Champions League en 1994 supuso el fin del ciclo glorioso del Barcelona de Johan Cruyff a manos del Milan de Fabio Cappello. El 4-0 fue tan contundente como merecido. La derrota en Atenas aún resuena en las oficinas del Camp Nou, y aunque Daniele Massaro hizo los dos primeros goles del equipo italiano, lo que quedó en la memoria fue el 3-0, obra de el talento efímero de Dejan Savicevic, una espectacular vaselina que pilló a Zubizarreta pensando en otras cosas. 

Diego Milito. Uno de los grandes éxitos de José Mourinho como entrenador fue la Champions League del 2011, ganada con un Inter de Milán que desde entonces no se ha acercado ni por asomo a esas cotas de éxito. En la final europea de aquella temporada, disputada en el Bernabéu, el Inter exprimió lo que hizo durante toda la competición: una férrea defensa y el estado de gracia del argentino Diego Milito. En la final, hizo los dos goles para tumbar al Bayern de Múnich, el segundo de ellos el resumen del mejor momento deportivo de su vida: carrera, recorte y definición perfecta.

Mario Mandzukic. La Juventus podría añadir dos goles como los más bonitos de la historia de la final de la Champions League, con el asterisco de que ninguno de los dos sirvieron para nada. En 1997, cuando la Vecchia Signora perdía la final contra el Borussia Dortmund, Alessandro del Piero dejó muestras de su inmenso talento tras rematar con el tacón un centro del croata Boksic. Más difícil fue aún el gol de otro croata, Mario Mandzukic, contra el Real Madrid en la final de la Champions del 2017. Además del difícil remate, añade puntos la buena combinación de todo el ataque juventino.

Leo Messi. De la era dorada del Barça, se recuerda mucho un gol de David Villa al Manchester United en la final de la Champions League del 2011, tras una exhibición de toque del equipo de Guardiola. Sin desmerecer aquel momento, es otro gol ante el United pero en la final del 2009 la que se cuela en la lista, por lo icónico del momento, la dificultad del remate y, sobre todo, lo improbable del protagonista. Xavi pone un centro que parece mejor para un delantero de 1.90 metros que para el pequeño Messi, pero ese se eleva como un globo y cabecea de manera perfecta para superar la envergadura de Van der Sar. Y casi descalzo.

Gareth Bale. Llegados hasta aquí, después de repasar más de 20 años de goles en la final de la Champions League, la obra maestra de Bale, nada más salir al campo como suplente para romper el partido ante el Liverpool, no sólo no palidece sino que reclama su sitio como el más espectacular y también trascendente en el escenario más importante. Como poco, un digno aspirante.

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