Apenas lleva diez años entrenando, pero la trayectoria de Pep Guardiola en los banquillos es suficientemente intensa como para tener que estar respondiendo ya más preguntas sobre su pasado que sobre su presente. Le sucedió en TV3, el canal autonómico de su Cataluña natal al que concedió una de sus escasas entrevistas, y le está pasando estos días, cuando algunos de sus antiguos jugadores ajustan cuentas con él desde la distancia. Así que el técnico se dedica a cerrar puertas que quedaron abiertas de la forma más rotunda que puede. Y uno de los portazos se lo lleva el Barcelona

“Como entrenador se ha acabado, porque no soy el mismo, ni su mirada hacia mí es la misma”, respondió el de Santpedor en el programa Preguntes Freqüents cuando le preguntaron por un posible regreso a Can Barça, el club de su vida. Conocedor, por haber estado en medio de ellos, de los politiqueos que rodean a la institución, Guardiola sabe que hay tanta gente que lo añora como otra que se alegra de tener lejos a uno de los apóstoles de la ortodoxia cruyffista. Ni él se ve igual, porque ha comprobado que puede ser feliz en otros lugares, ni el presidente Josep María Bartomeu tiene ganas de lidiar con un tótem como él. Para su tranquilidad, al menos Pep afirma que no aspira al sillón de mando que sí anhela Gerard Piqué: “Yo soy entrenador y soy bueno en lo mío, no lo puedes ser en todo. Cuando acabe, me veréis jugando al golf”.

El actual técnico del Manchester City está convencido de que en su casa logró algo irrepetible que no merece la pena mancillar con un retorno: “Tenia una edad fantástica en la que me comía el mundo y nos lo comimos, con unos jugadores increíbles, con un presidente joven y desacomplejado (Joan Laporta), el Txiki (Begiristain), una generación de jugadores brutales y el mejor jugador del mundo (Messi). Los astros se juntaron”. Cree que el Barça de Ernesto Valverde “ha jugado muy bien” y de la estrella que vincula toda esta época dorada de los blaugrana afirma que “(Leo) es único. No va a quejarse fuera, cuando no le gusta algo lo dice en el campo. Fuera está calladito”. 

Tal vez a Guardiola le hubiese gustado que otros antiguos discípulos suyos también se hubiesen quedado con la boca cerrada. No fue el caso de Yaya Touré, con quien acabó mal en su etapa en la Ciudad Condal, pero al que despidió con elogios en la salida del centrocampista de los sky blue. Las lisonjas no fueron suficientes para el futbolista que acusó a su ex míster de racista porque “no trata a los jugadores africanos como a los demás”. El preparador respondió en la televisión que “es mentira lo que dijo y lo sabe, estuvimos juntos dos años y ahora es cuando lo dice, jamás me lo dijo cara a cara”.

Otro que tampoco acabó satisfecho de su experiencia con el entrenador más reputado del fútbol actual fue el alemán Mario Götze. El pequeño delantero comenzó su declive deportivo a las órdenes del catalán en el Bayern de Múnich, hasta el punto de que acabó regresando a su club de origen, el Borussia Dortmund, y perdió su sitio en la selección de Alemania para el Mundial de Rusia 2018 pese a ser el autor del gol que dio la Copa del Mundo a la Mannschaft en 2014. Según el jugador, Guardiola piensa tanto en el juego que no lo hace en los futbolistas: “No tenía empatía y la empatía es parte de ser un técnico de clase mundial”. 

De ser cierto, no parece que a Pep le vaya mal sin ella. 

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