La selección belga se doctoró en la escena mundialista a ojos de todo el planeta con su triunfo sobre Brasil, una de las grandes favoritas a la victoria en el Mundial de Rusia. Sin desmerecer en absoluto el enorme trabajo de sus compañeros en retaguardia, fueron Kevin De Bruyne, Eden Hazard y Romelu Lukaku los ejecutores de la Canarinha, tres futbolistas con un sinfín de cualidades y que componen uno de los ataques más temidos a nivel de selecciones. ¿Y si también compartiesen vestuario en su club? ¿Y con el añadido de Mohamed Salah? Lamentablemente para ellos, son cuestiones que persiguen y perseguirán durante mucho tiempo a los aficionados del Chelsea, quienes además tienen muy claro al responsable de tal despropósito. 

Verano del 2011. Los Blues firman a Lukaku, una fuerza de la naturaleza de solo 18 años que había causado pavor entre los rivales domésticos del Anderlecht. Unos meses después, en enero, el entonces director deportivo londinense, Michael Emenalo, vuelve a la Jupiler Pro League para llevarse a De Bruyne, estrella emergente del Genk (de donde también ficharían a Thibaut Courtois). En mayo, el Chelsea gana la Champions League y ello supone un factor determinante para la llegada de Hazard, uno de los jugadores más cortejados del continente después de su estratosférica temporada con el Lille. 

Durante la temporada 12/13, y bajo el mando de Roberto Di Matteo y Rafa Benítez, solo Eden vistió la camiseta de los Blues. Lukaku, sin opción contra Fernando Torres y Demba Ba, había sido cedido al WBA. Por su parte, De Bruyne brillaba a préstamo en el Werder Bremen. Entonces, en junio del 2013, José Mourinho regresaba a Stamford Bridge; el luso garantizaba a los jóvenes belgas que formarían parte de sus planes de presente y futuro… durante unas semanas.

Casualidad o no, Romelu volvía a salir del club el 31 de agosto, rumbo al Everton, días después de fallar una pena máxima en la Supercopa de Europa contra el Bayern de Pep Guardiola. Mourinho prefirió apostar por un Samuel Eto’o de 34 años y Lukaku jamás volvería al Chelsea (sería traspasado al verano siguiente). Mejor empezó el panorama para De Bruyne, titular en el arranque de temporada y asistente del primer gol del curso Premier. Sin embargo, con el paso de los meses, Kevin desaparecía de las convocatorias y el portugués se explicaba en rueda de prensa: su actitud en los entrenamientos era insuficiente. Tan apartado estaba el belga del equipo que el propio jugador solicitó al Chelsea que le traspasase, y así hicieron, vendiéndole al Wolfsburgo.

Ya sin sus compatriotas en el vestuario, Hazard se convertía poco a poco en la gran estrella que es hoy. Le apoyaban los brasileños Oscar y Willian o el alemán André Schurrle, a quienes se uniría poco después un joven egipcio que había destrozado a los Blues en la fase de grupos de la Champions League con el Basilea: Mohamed Salah. Pero también al africano se le haría casi imposible entrar en los onces del luso, quien le acusaba de no entender sus instrucciones tácticas. Su único highlight de ese año sería el sexto gol del set que el Chelsea le endosó al Arsenal en el partido número 1.000 de Arsene Wenger con los Gunners. Frustrado como Lukaku y De Bruyne, Salah saldría cedido a la Florentina en enero del 2015, sólo un año después, como moneda de cambio en el traspaso de Juan Cuadrado

Tras ganar la Premier League en 2015 pero poner el vestuario patas arriba a finales de ese mismo año, Mourinho se marchaba otra vez, por la puerta de atrás. Mientras, Lukaku se convertía en el Everton en uno de los mejores delanteros de la competición inglesa, y De Bruyne y Salah asombraban en la Bundesliga y en la Serie A. Hoy todos juegan en rivales del Chelsea y, de hecho, los tres golearon a su ex equipo en la temporada pasada. Es la dolorosa realidad para un club que pudo disfrutar de un ataque de ensueño pero que aceptó las indicaciones del hombre que manejaba los destinos profesionales de su plantilla. Especial hasta para esto. 

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