Más allá del bombazo de Cristiano Ronaldo o el reciente ‘robo’ del Barça a la Roma, el mercado veraniego de fútbol estaba echando en falta los tradicionales movimientos de las jóvenes promesas del Mundial de Rusia 2018. Como suele ocurrir cada cuatro años, véase James Rodríguez tras la Copa del Mundo en Brasil, perlas de todo el mundo aprovechan el escaparate internacional para atraer las miradas y los millones de los grandes. Se ha hecho de rogar, pero el primero ha llegado: Aleksandr Golovin deja el CSKA de Moscú y se marcha al Mónaco por 30 millones de euros.

El joven mediapunta ruso fue una de las claves del gran torneo completado por la selección anfitriona, que llegó hasta cuartos después de una buena fase de grupos y dejar a España en la cuneta antes de caer con honor frente a Croacia, mucho más de lo que hasta los propios rusos esperaban de su selección. Rápido, inteligente y con un guante en su pierna derecha, a sus 22 años estaba destinado a dejar su país para medirse en una liga más exigente.

Parecía que el salto sería mayor, ya que los grandes gigantes del continente llamaron a su puerta. Juventus, primero, y Chelsea, después, lo intentaron, pero Golovín recalará finalmente en el conjunto monegasco, que ha estado más listo que ninguno para adelantarse en la carrera por el talentoso atacante.

Y puede que esta sea una buena noticia para el propio Golovin, que utilizará la Ligue 1 como paso intermedio antes de subir el último escalón hacia la élite europea. Pasar de su casa a un escenario como la Premier League o intentar robarle los focos a Cristiano no le antojaba un gran futuro, por lo que quizá pueda sentirse afortunado viendo lo bien que le ha ido a muchos jóvenes que han hecho escala hacia el estrellato en Mónaco.

En sus manos, y en las de Jardim, estará ahora convertirse en la figura de Rusia para la próxima década o seguir los pasos de otro compatriota que también brilló en un torneo internacional pero que nunca logró adaptarse al máximo nivel como Andréi Arshavin.

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