Las leonas, apelativo de la selección inglesa de fútbol, perdieron las semifinales de la Euro 2017 frente a la selección de los Países Bajos, campeona del torneo. Pese a la clara derrota, el trabajo del joven entrenador Mark Sampson mereció elogios por situar al equipo en los últimos campeonatos a una altura que para sí quisiera la selección masculina del país inventor del juego. Pero hoy Sampson y toda la FA (federación inglesa) están bajo el escrutinio de la prensa británica.

En la convocatoria del torneo continental no figuraba la delantera del Chelsea Eniola Aluko, más de cien veces internacional y autora de 33 goles con el escudo de las tres leonas. La jugadora no piensa volver mientras Sampson continúe en el cargo y sostiene que si no la han citado ha sido en represalia por sus denuncias. Aluko había presentado el pasado año una queja por acoso en el seno de la selección que se cerró tras un acuerdo por 80.000 libras esterlinas. La futbolista habría aceptado el acuerdo tras sentirse defraudada por una investigación interna y otra independiente que evitaron la consulta a testigos claves en el supuesto acoso. Pacto, pero no de silencio.

El diario The Guardian y la propia deportista acaban de revelar más detalles sobre el contenido de la queja y el resultado de las pesquisas. También delante de las cámaras de la BBC Eni Aluko sostuvo que antes de un partido frente a Alemania disputado en 2014 en Wembley, cuando el seleccionador Sampson descubrió que la familia nigeriana de su atacante había viajado para verla jugar manifestó: “Asegúrate de que no traigan el ébola”.

La futbolista asegura que otra compañera de raza no blanca tuvo que aguantar indicaciones ofensivas del míster sobre cómo presionar en el medio campo: “Es como un arresto. ¿No te han arrestado antes? ¿Cuatro veces, verdad?”. Y otro miembro del staff técnico también sería recurrente en la imitación de un acento caribeño para dirigirse a jugadoras no blancas.

Abogada de formación, Eni Aluko resumió en su queja que en el vestuario de las leonas abundaban las “connotaciones despectivas, raciales y prejuiciosas”. Ahora los medios ingleses se preguntan qué interés podría tener la FA en intentar silenciar con dinero una investigación que concluyó sin mácula para el entrenador Sampson y su equipo. Si no hay culpabilidad, nada habría que ocultar, interpretan. Según el informe, el entrenador no dejó de convocar a la jugadora por sus quejas, sino por su actitud y comportamiento en el equipo.

Además del racismo, la prensa examina también el tipo de actitudes y lenguaje que se permiten en los vestuarios profesionales. “Sí, el entorno del fútbol es malhablado. He estado cinco años en el Chelsea y he sido la diana de muchos chistes. Y a veces los devuelvo. Eso es lo bonito del espíritu de equipo en un vestuario. No soy una persona sensible o delicada. He jugado con equipos de chicos (…). Pero puedo reconocer algo tóxico cuando lo veo. Esta es una cultura que ha desechado sistemáticamente a determinadas jugadoras”, detallaba Aluko en The Guardian.

Al igual que sucedió con la selección francesa masculina campeona del mundo de fútbol en 1998, los combinados ingleses siempre han sido un símbolo de integración racial en este deporte. Pero de vez en cuando aflora una cultura subyacente de menosprecio que se creía desterrada. El debate del racismo pasa ahora de la grada al vestuario.