Argentina empató 1-1 con Venezuela. Y pudo ser peor. Eso lo resume todo. La selección albiceleste sigue sin carburar, ni con Sampaoli ni sin él antes en el banquillo. Pena Messi, los delanteros nuevos no acaban de dar el mismo nivel que en sus clubes, tácticamente sigue dejando mucho que desear y además tampoco tiene suerte. La imberbe Venezuela que empieza a construir desde su pujante generación del 97, sacó un punto que no evita que sea el peor equipo de la fase de clasificación sudamericana. Tampoco dice mucho de Argentina que no fuera capaz de ganarle ninguno de los dos partidos a la Vinotinto. Insistimos: pudo ser peor. Pudo haber ganado Chile y sacado a Argentina incluso de la quinta plaza que ocupa ahora, la que da derecho a jugar la repesca. Ahí el drama ya hubiera sido absoluto y las alarmas resonarían en todo el continente.

La derrota de Chile (otra grande en serios apuros) ante la sorprendente Perú da algo de oxígeno a una Argentina que sigue sin fútbol. Messi es incapaz de hilvanar el juego porque sus socios son intermitentes y los finalizadores no dan la talla. Dybala tiende a ocupar las mismas zonas que el 10 y, capocannoniere con la Juve, sigue sin marcar con la selección. Icardi no parece mejorar a Higuaín en casi nada. Di María volvió a lesionarse. Banega desapareció en el segundo tiempo. Sampaoli optó por tres centrales y dos carrileros con toda la banda para sí (DI María y Acosta), y aunque comenzó embotellando a Venezuela, se fue apagando y tras la lesión del Fideo se emponzoñó en ese toque al trote y sin chispa que viene marcando a la Argentina de Messi en los últimos años. Apenas un espectacular caño de la Pulga en el primer tiempo excitó al personal.

El adolescente Faríñez se afanó en la portería para una Venezuela que en la primera parte salió de su campo en veces que se pueden contar con los dedos de una mano. Pero había síntomas y la Vinotinto los vio: esas esporádicas salidas eran horriblemente defendidas por Argentina, con Mascherano queriendo ser el primer centrocampista en vez del libre, con Pizarro no sabiendo donde colocarse, con Banega viendo aviones pasar a su lado, y los carrileros demasiado preocupados de abrir el campo en ataque. Cada contra acababa en córner, y en el segundo tiempo acabó en gol y más sustos. Murillo marcó y dejó el Monumental de Buenos Aires al borde del suicidio.

La mejor noticia para Argentina fue que empató casi de inmediato. Acuña desbordó por la izquierda e Icardi, a la enésima que le pusieron en el área, acertó a rematar a gol. Pero fue un espejismo: la albiceleste apenas creó más ocasiones para voltear el resultado, permitió contras con faltas al borde del área peligrosísimas y desesperó a la parroquia. Sampaoli tiró de Benedetto (otro delantero lejos del nivel que se presupone a Argentina) y de Pastore (que desquició a la grada). Poco ocurrió en un segundo tiempo decepcionante de los locales.

El empate es un resultado malo y con un pronóstico muy peligroso. Quedan dos jornadas para terminar la clasificación sudamericana para Rusia 2018, y Argentina está en quinta posición, la que da derecho a la repesca, empatada con Perú, cuarta. La próxima jornada se miden en suelo argentino, un duelo que puede resultar decisivo. La única vez que la albiceleste se quedó fuera de un Mundial fue en 1970, al no poder vencer el choque decisivo ante Perú y en casa. Toma ironía.

Si Argentina no gana, se la jugará en la última jornada en Quito ante Ecuador, un rival que lo más normal es que llegue sin opciones de ser quinto pero que jugando en casa, en Quito y en altura multiplica sus peligros. Sobre todo, porque la Argentina de Sampaoli y Messi no es de fiar.

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