No cabrían los titulares de tantos y tan grandes en la prensa brasileña (y parte de la deportiva internacional) si lo que está ocurriendo en la selección femenina de fútbol del gigante sudamericano aconteciese en el equivalente masculino. El despido de la seleccionadora Emily Lima hace unas semanas ha provocado una oleada de deserciones de cinco veteranas de la canarinha, una crisis sin precedentes que la federación brasileña, la CBF, ve pasar delante de sus narices sin que nada parezca ocurrir.

Emily Lima fue despedida a mediados de septiembre, supuestamente por los malos resultados y la imagen dada por Brasil en un par de amistosos disputados en China. Pero de fondo está el enfrentamiento abierto con el coordinador de fútbol femenino de la CBF, Marco Aurelio Cunha, quien la acabó sustituyendo por el seleccionador anterior. Lima era la primera mujer al cargo de la selección, y las jugadoras se tomaron el despido de la entrenadora como una afrenta. Todo en un equipo brasileño que apura los últimos años de Marta en la élite y que desde la final del Mundial del 2007 ha estado lejos en todos los torneos internacionales de las Estados Unidos, Holanda, Alemania, Suecia y Japón.

“Ellas no tienen el respeto que se merecen. La CBF no quiere luchar por mejorar el fútbol femenino. Cuando son convocadas, les dan a las jugadoras una camiseta con su nombre cuando todos saben que los chicos reciben 20. Desde el primer día choqué de frente con Cunha”, despellejó la exseleccionadora Emily Lima al poco de perder su cargo. Lima incluso personificó en la delantera de 22 años Ludmila (ahora en el Atlético de Madrid) recibió presiones y abusos verbales que la hicieron llorar durante las concentraciones de la selección.

Desde que Lima fuera fulminada, cinco jugadoras internacionales con al menos una década de carrera con la selección brasileña han abandonado el equipo. La última, la lateral Maurine, de 31 años. “Siempre hay mucho cambio y eso va cansando. Nunca conseguimos dar continuidad al trabajo”, lamentó la jugadora de Santos. Otras compañeras lamentan que a la única que no se dio de verdad la oportunidad fue a Emily Lima, y la rapidez que se tomó la CBF en despedir a la primera mujer en el cargo para poner de nuevo a un hombre que ya había cumplido su etapa en el banquillo de la canarinha.

Antes de Maurine fueron Cristiane (la primera de ellas: “No veo otra alternativa. Aguanté 17 años y no tengo por qué aguantar más”, dijo) y después vinieron Andreia Rosa, Rosana y Fran. Todas veteranas de la quinta de Marta, que permanece en el grupo. Sería el golpe definitivo para la CBF.

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