El planeta fútbol se está jugando en los últimos días los últimos billetes para el Mundial de Rusia 2018 que se disputará el próximo verano. En todas estas citas siempre hay historias sorprendentes de selecciones que desafían a los elementos para competir en la élite. Las dos principales en esta ocasión han terminado con cara y cruz. Islandia hizo historia convirtiéndose en el país menos poblado en jugar un Mundial, pero Siria no ha podido completar el milagro.

La selección árabe se ha quedado a las puertas tras caer ante Australia en la penúltima eliminatoria. Con un gran mérito después de disputar toda la clasificación fuera de casa por los conflictos existentes en su territorio, superaron todas las adversidades menos uno: la cabeza de Tim Cahill. El eterno jugador australiano, actualmente en el Melbourne City a sus 37 años, volvió a decidir con un doblete y le permitirá a los socceroos disputar el último cruce ante el cuarto de la Concacaf (previsiblemente Panamá).

Pero Siria vendió cara su derrota. Después de empatar en la ida (1-1), disputada en Malasia, sorprendieron a la selección australiana en su propio campo e igualaron la eliminatoria para forzar la prórroga. Fue entonces cuando apareció Cahill, como hace en cada éxito internacional de su país, para mandar a la red en el minuto 109 uno de sus ya míticos remates con la testa.

Para ser más cruel todavia, el destino quiso ponerle a los sirios el caramelo en la boca antes de arrebatárselo. Porque en los últimos minutos los visitantes dispusieron de una falta en la frontal que Al Somah, su gran estrella, estrelló en la madera y que habría supuesto la oportunidad de pelear por el billete a Rusia hasta el último momento. La historia que tenía a todo el fútbol mundial pendiente del país más golpeado en los últimos años acabó decidida por apenas unos milímetros.

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