No por previsible es menos impactante. Se sabía que Leo Messi era algo más que la clave de esta Argentina anémica de fútbol, si la albiceleste quería meterse en el Mundial de Rusia 2018. Y sin embargo, asistir al enésimo prodigio de La Pulga produjo la misma emoción que la primera vez. Tres goles de Messi en Ecuador dieron la victoria a Argentina, que respiró aliviada con el oxígeno escaso de la altura de Quito. Una victoria que no oculta las penas del equipo de Sampaoli, en la misma medida que engrandece la figura de Messi, la única respuesta de Argentina a la crisis de fútbol que atraviesa. Fueron necesarios tres seleccionadores, tres presidentes de la AFA y 60 futbolistas convocados para lograrlo: al final todo se resumía en Messi.

Vayamos con algunos apuntes. Messi cierra la siempre salvaje fase de clasificación sudamericana con 21 goles, récord histórico compartido con los que también ha metido Luis Suárez camino de Rusia 2018. Argentina no conoce otro jugador no llamado Messi que haya marcado en partido oficial desde noviembre del 2016. Con sus tres tantos ante Ecuador, además de solucionar una crisis sin precedentes en la selección argentina, Messi alcanzó los 61 goles con la albiceleste, primer jugador de la historia de Argentina en superar los 60. En fin, en Quito, a pesar de los 2.900 metros de altitud, de la presión extrema de un fiasco para los anales (Argentina no faltaba a un Mundial desde México 70, Messi respondió como sólo él sabe.

Fue el día perfecto del 10. Un 10 de octubre (mes 10). Demasiada coincidencia cósmica. La prensa argentina saluda el partido épico con la selección que le faltaba a Messi, como si ya se hubieran olvidado de todo el Mundial de Brasil, o el partido contra Colombia en Argentina que ya amenazaba crisis. Messi, siempre bajo sospecha con el manto albiceleste, se empeña en reclamar su argentinidad en cada gol y en cada logro con su selección. Porque tres finales seguidas con este grupo decepcionante tiene cada vez más mérito. Es improbable que Argentina gane en Rusia 2018, pero si lo hiciese de la mano de Messi sería un hito en la historia del fútbol para un jugador que quedaría convertido en el mejor de siempre.

Y es que Argentina necesitó de toda la magia de Messi para sacar adelante la final en Ecuador, por mucho que después los resultados de Perú y Colombia (1-1) y el fiasco de Paraguay (0-1 ante Venezuela) le allanasen el camino. Pero antes tenía que ganar y ganó, exponiendo su única grandeza y sus muchos defectos. Al rato de comenzar perdía ante una Ecuador con un jaleo interno considerable, pero en el que cada arrancada de los Ibarra parecía como Bolt corriendo contra atletas de 45 años. Con el 1-0 y los nervios a flor de piel, quedó en evidencia la imposibilidad de jugar con la pelota si construyen Mascherano (tercer central pero desastroso con el balón y lentísimo sin él), Biglia y Enzo Pérez. Salvio apenas participó, y Acuña demostró estar varios peldaños por debajo del primer nivel, al igual que Benedetto, el delantero de Boca que apenas tocó el balón.

Hay muchos jugadores en Argentina por debajo del nivel de Messi. Sólo uno de ellos capaz de (en sus mejores días) echarle una mano: Di María. Los dos de Rosario. El Fideo tiene siempre despliegue pero pocas veces sentido del juego, pero hay días que podría ser titular en cualquier equipo del mundo. Ante Ecuador le bastó con saber devolverle a Messi el balón en el área en el momento justo para que el 10 empatase y aliviase el tembleque de Argentina. Luego, un mal corte de la zaga ecuatoriana a pase de Di María para Messi lo interceptó la Pulga para clavar en la escuadra el 1-2 antes del descanso.

En el segundo tiempo Argentina mostró esa cara especuladora con el marcador que adormece los partidos, da vida al rival sin querer y aleja al espectador de la televisión. El bodrio pretendía que nada pasase y Ecuador asustó porque cada arrancada de sus atacantes desnudaba la pesadez y espacios de los argentinos. Hasta que de la nada un balón acabó en pies de Messi, solo en la mediapunta, y Leo ejerció su magia. Conducción, lectura del movimiento de zagueros y compañeros, definición ante el portero al alcance de los elegidos. Ya no se jugó mucho más y Messi festejó como un argentino más (con todo el sentido de la frase) que se acabase el sofoco para la selección argentina.

“Messi no le debe un Mundial a Argentina, el fútbol le debe un Mundial a Messi. La charla final fue que todos teníamos que llevar a Messi al Mundial , llevar al mejor jugador del mundo al Mundial”, dijo Sampaoli tras la batalla de Quito. En realidad, el partido sirvió para demostrar justo lo contrario: el mejor llevó a Argentina al Mundial. Messi sigue asombrando como el primer día.

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