La selección inglesa de fútbol es uno de las grandes marcas deportivas en todo el mundo: sus camisetas son preciosas, su eco mediático brutal, la afición que la acompaña es la mayor de todo el mundo, su colección de jugadores suele ser atractiva… Y además producen himnos generacionales en forma de canciones míticas. Pero también es una fábrica de generar conflictos, fracasos, ídolos caídos y grandes cabreos nacionales. La presión para Inglaterra ya está ahí de cara al Mundial de Rusia 2018 y no precisamente por tener en sus filas al mejor delantero de Europa: porque los jóvenes ingleses no se cansan de ganar, hasta el punto de dominar el mundo.

Inglaterra es la nueva campeona del mundo sub-17 tras imponerse de manera brillante a España en la final. Los chicos de Steve Cooper comenzaron perdiendo 0-2 pero le dieron la vuelta al partido de manera contundente y merecida. España sigue sin ganar el Mundial de la categoría, el único que se le resiste a la selección ibérica. Con los goles del delantero del Liverpool Rhian Webster (dos hat tricks en los dos partidos inminentemente anteriores a la final) y la batuta del joven del Manchester City Phil Foden (que ya encandiló a Guardiola en la pretemporada y marcó dos ante España), la England U17 alcanzó cotas difícilmente imaginables en el espejo de la selección absoluta. Y no es una casualidad.

Al triunfo de la sub-17 en el Mundial de India se añaden otros tres éxitos de equipos de base ingleses, concentrados en los últimos meses. Algo se está cociendo en los fogones del fútbol británico, siempre atacado por el poco trabajo táctico y técnico con su abundantísima materia prima, y amenazado por el incesante porcentaje de jugadores foráneos (limitados por convenio en la Premier). Pero los hechos son los que son: Inglaterra es campeona de Europa sub-20, sub-19 y sub-17, y es tercera en el torneo continental en los sub-21.

El seleccionador de este último equipo era Gareth Southgate, ahora máximo responsable de la Inglaterra de los mayores, la que con Eric Dyer, Stones, Kyle Walker, Sterling, Lallana o (sobre todo, principalmente, casi exclusivamente) Harry Kane va a sentir la presión del sistema: si los de abajo ganan en todas las competiciones internacionales, ¿por qué no los de arriba, los que ganan cientos de miles de libras a la semana?