Para bien o para mal, el nombre de Ricardo Gareca siempre acompaña al destino del fútbol peruano. Hoy, a sus 59 años y para fortuna de la Blanquirroja y del pueblo que la lleva en volandas, el también apodado Tigre ha supuesto la cara de la moneda. El técnico argentino ha conducido a la selección de Perú a obtener la última plaza disponible en el Mundial de Rusia del próximo año, tras superar a Nueva Zelanda en el encuentro definitivo de la repesca internacional.

Sin su principal estrella, el suspendido Paolo Guerrero, el combinado entrenado por Gareca siguió mostrando una firme superioridad sobre los Kiwis, que saltaron al Estadio Nacional de Lima con un planteamiento muy defensivo. Así, el veterano Jefferson Farfán primero y el central Christian Ramos después se encargaron de sentenciar al cuadro visitante. Era una noche de fuertes emociones, como quedó patente tras el gol de la Foquita y con las celebraciones posteriores al partido a lo largo de todo el país.

“Este es el logro más importante que me tocó vivir. La clasificación es para el pueblo de Perú”, decía Gareca nada más finalizar el choque. Un argentino con deudas mundialistas, al igual que la Blanquirroja, selección que vivió su gloria particular durante la década de los 70. Era la época de mitos como Uribe, Sotil o Cubillas, que desaparecieron de la escena internacional después de España 1982…

Perú no se presentaba a aquel campeonato como un participante más. Habían levantado la Copa América en 1975 y realizado un buen torneo en Argentina 1978. Pero todo se torcería en Galicia. Primer resultado, un empate con Camerún en Riazor, al que siguió otra igualada con Italia, esta vez en Balaídos. La debacle llegaría en el tercer y definitivo partido, de nuevo en el estadio coruñés, frente a Polonia (1-5).

El combinado que tanto había hecho disfrutar a su gente tocaba fondo en aquel torneo. Necesitaba levantarse de cara a México 1986, pero en el último duelo de las clasificatorias sudamericanas, un ariete argentino hacía trizas los sueños peruanos: Ricardo Gareca. El Tigre anotaba el tanto definitivo en aquel dramático partido, del cual Perú nunca se recuperaría… hasta 2017.

Curiosamente, el actual preparador de la Blanquirroja tampoco acudiría a aquella cita mundialista, en la que su país se proclamaría campeón. Tendría que esperar, él también, 32 años. En su caso, para pisar por primera vez la arena más importante del fútbol internacional. En el de su selección, para disfrutar con su quinta cita, más de tres décadas después. Porque los destinos de Ricardo Gareca y de Perú siempre han estado unidos, desde 1985 hasta Rusia 2018.

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