La selección de China no tuvo un buen partido en la llamada China Cup. La Gales de nuevo cuño diseñada por Ryan Giggs le pasó por encima, un 0-6 contundente liderado por los tres goles de Gareth Bale. No acaba de despegar el proyecto ya a largo plazo del fútbol asiático en la figura de su selección, a pesar de los esfuerzos gubernamentales, federativos y de la Superliga china. Pero al menos alguien salió contento del partido: el responsable de pedirle a los futbolistas internacionales chinos que se taparan los tatuajes para evitar que salieran en la retransmisión televisiva

Wei Shihao, lateral del Beijing Guoan, tiene 22 años y está considerado como una de las mejores perspectivas de futuro internacional en el fútbol chino. También tiene unos pocos tatuajes en el brazo izquierdo, que ante Gales disimuló con vendajes color carne, apenas visibles si no se fijaba uno mucho. De la misma edad es el centrocampista He Chao, del Changchun Yatai, que también en la misma articulación luce abundante tinta. En su caso, optó por la camiseta interior de manga larga. Hubo algún caso más de jugadores que taparon sus tatuajes ante Gales y ante la mirada de todo el país.

No hay explicación oficial para este comportamiento un tanto absurdo porque los futbolistas lucen sin problemas sus adornos corporales en los partidos de la competición doméstica y (en su caso) en la Champions asiática. Pero todo coincide con una información reciente de que la oficina estatal china para prensa, publicaciones, radio, cine y televisión promulgará una nueva norma para sugerir a las emisoras de televisión que no inviten a famosos con tatuajes o que promuevan elementos de la cultura hip-hop, o de lo que China denomina “cultura decadente”. A partir de ahora, estos programas de TV (o de radio) deberían seguir cuatro reglas muy concretas para elegir mejor a sus invitados: se resumen básicamente en que no deben atentar contra la moralidad ni contra el Partido Comunista.

El crecimiento de una escena rapera en China adaptando las temáticas clásicas del género (dinero, drogas, mujeres y glorificación de la riqueza, según el gobierno del país) ha propiciado este tipo de reacción, que se lleva por delante el tema de los tatuajes por más que China sea famosa en el mundo entero precisamente por eso. El caso es que la ocultación de las marcas de los jugadores ha llevado algún titular más que la fragilidad de la selección nacional y el atraso en el desarrollo de China en su proyecto de estado de convertirse en una potencia futbolística mundial.

La norma de decoro aparece al mismo tiempo que el presidente Xi Jinping sube a los altares de mandatarios del país a pasos agigantados, y su legado quiere llegar más allá de lo económico. Al mismo tiempo que sus jugadores cubrían los tatuajes para medirse a China, la federación asiática anunciaba un cónclave con 100 personas para decidir qué hacer con la base del fútbol chino, que tampoco acaba de arrancar pese a las sumas de dinero gigantescas que mueve la Superliga del país y a los exigentes cupos para rellenar sus equipos con futbolistas locales. Eso sí, que a poder ser no escuchen hip-hop ni tengan tatuajes.

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