Uno se imagina a Fabio Capello limpiando con una gamuza el cristal de sus grandes gafas de pasta mientras vuela en primera clase desde China hacia alguna acogedora villa italiana en la que recostarse a meditar mientras apura un spritz. Y en ese largo vuelo, el técnico de 71 años podría ir decidiendo si se desdice o no. Si deja el fútbol o se da una última oportunidad. Porque El Sargento había anunciado su adiós en cuanto se terminase su aventura oriental. Claro que entonces el banquillo de Italia, de su Italia, no estaba vacante. 

Aún no está muy claro si a Capello lo han despedido en el Jiangsu Suning de la Superliga China o si se ha marchado él. Fabio es de esas personas cuya personalidad invita a pensar que todo sucede a su gusto. Así que es tan plausible creernos desde la distancia -y desde el desconocimiento del chino cantonés para leer la prensa local- que el club le ha dado pasaporte tras dos derrotas en los tres primeros partidos de la competición, como lo es imaginar que él pega el portazo. 

El club de Nankín es propiedad del Suning Group, una gigantesca cadena de electrodomésticos china que también compró el Inter de Milán. Esa conexión italiana ayudó a que Capello volviese a los banquillos para salvar al equipo del descenso a finales de la pasada campaña. El carácter de técnico colisionó con el de Álex Teixeira, el jugador brasileño que es santo y seña del Jiangsu, hasta el punto de que habría pedido su salida del equipo. Pero esta Superliga China ha entrado en una política de contención en materia de fichajes y la directiva no estaba por la labor de prescindir de su astro. Esa desavenencia, junto con el mal inicio, habría bastado para que Fabio avisase a Christian Brocchi y Gianluca Zambrotta, sus ayudantes, de que era hora de hacer las maletas. 

Vuelve al paro el entrenador nacido en San Canzian d’Isonzo, arquitecto del inabordable Milan de la primera mitad de los años 90, líder del último scudetto ganado por la Roma e icono para el madridismo de línea dura, al que le dio dos ligas con una década de separación entre ellas. El fútbol se pregunta si es para decir adiós, como parecía que ya lo había hecho en 2015 cuando dejó el cargo de seleccionador de Rusia tras no clasificarla para la Eurocopa. 

También se quedó fuera de un gran torneo Italia. Los azzurri serán los grandes ausentes del Mundial de Rusia 2018 y están disputando los encuentros amistosos de estos días como un tributo a su portero y capitán, Gigi Buffon, que dice adiós al equipo nacional. En el banquillo se sienta, de forma interina, Luigi Di Biagio, técnico de la sub-21. A Fabio Capello le habían preguntado hace dos meses si estaría dispuesto a aceptar el cargo de seleccionador, él, que además de Rusia ya dirigió durante tres campañas a Inglaterra. “No tengo interés en ese trabajo, espero que termine en buenas manos”, dijo en aquel momento

Eso era entonces. Ahora ya no tiene compromisos en Asia. Ahora debe replantearse sus últimas manifestaciones: la de que tras China iba a jubilarse y la de que no quería entrenar a la Nazionale. La coincidencia es demasiado apetecible y no sería la primera vez que se desdice. Aunque a Fabio Capello, con su gesto adusto, nadie se atreva a recordárselo.