La previa televisiva del Alemania-Brasil, el amistoso estrella entre dos de las grandes favoritas para el Mundial de Rusia 2018, era un vacuo intento de hacer olvidar el recuerdo de la humillación sufrida por la canarinha en el Mundial de su casa en el 2014, aquel doloroso 7-1 grabado a fuego en la memoria colectiva. Tanto se esforzaban los locutores locales por emplear expresiones tipo “eso ya es agua pasada”, “estamos en otra época de la selección”, “tenemos más Mundiales”, que acabaron recurriendo a la victoria de Brasil sobre Alemania en la final del Mundial del 2002, cuando Ronaldo y Rivaldo batieron a Oliver Kahn y compañía. Se trataba de reafirmar la autoestima patria y no sólo la futbolístico. Lo que siguió a la previa corroboró esa intención. Porque la selección pergeñada por Tite superó a Alemania en Berlín, cortando la racha de 22 partidos sin perder de la de Joachim Löw.

Es muy sencillo el fútbol para Tite, que lo tiene clarísimo. No importa nada que sus centrocampistas tengan problemas para imaginar pases como sí lo hace Kroos. Porque la llegada de Paulinho y el sacrificio y recorrido de Willian le ayudan a que no le falte ni de un lado ni del otro. Porque sus dos laterales, Marcelo y Dani Alves, son dos centrocampistas más con balón. Ni siquiera necesitaron a Neymar para superar a Alemania. Porque, además de asentarse en defensa con Casemiro, Fernandinho, la portería mejor guardada de la historia de la canarinha, las posibilidades de Willian (el mejor asistente de la temporada) y la llegada de Paulinho, ahora Brasil tiene delantero centro de élite. Y eso le venía faltando a la canarinha.

Porque Gabriel Jesús lo es. Tuvo dos ocasiones claras de gol: en una dejó a dos rivales en el suelo y falló el remate por recrearse buscando el ángulo; en la segunda acertó y desequilibró el partido. Hay muchas formas de ponerlo, pero la más fácil es que Gabriel Jesús no es Fred. El chico del Manchester City, si consigue no lesionarse, puede marcar diferencias para Brasil sin que Brasil juegue muy bien. Y eso se suma a Neymar y a Coutinho. Y eso es pólvora en un torneo como el Mundial. Lo sufrió Alemania, que reservó a piezas clave (Hummels, Ter Stegen, Timo Werner, Khedira, Özil, Müller…) y acusó problemas desde la salida de balón de su portero hasta el pie duro de Mario Gómez, peleado con el primer toque.

La presión de Brasil, bien tirada por Willian, Gabriel Jesús y los tres pretorianos del centro del campo, provocó fallos de Alemania que propiciaron las mejores ocasiones de los americanos. No fueron demasiadas porque el partido tuvo ritmo pesado, con poco brillo, más cercano de lo que quiere Brasil que de lo que quiere Alemania. “Por ahora ganar no se va a olvidar el 7-1. Hicimos méritos para ganar, y sí hay un sentido de rescate de autoestima, un poco de orgullo propio“, reconoció Tite tras el partido. “En el 2014, tras el 2-o se vinieron abajo. Ahora Brasil defiende colectivamente, y son mucho más disciplinados. Y en ataque, individualmente son muy buenos”, resumió a la perfección Löw. Alemania, a la que España ya le dio un buen aviso unos días antes, ya sabe que Brasil va muy en serio para Rusia 2018.

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