En los días previos al España-Argentina que terminó en masacre albiceleste, el diario El País publicaba un reportaje bajo el título Messi dirige, Sampaoli adminsitra, en el que se detallaba la relación del jugador generacional y el enésimo seleccionador que tiene en el equipo nacional. La pieza narra cómo Jorge Sampaoli consiguió congeniar con Leo Messi haciendo un asado y cómo el técnico quedó fascinado con la sabiduría táctica de La Pulga, hasta el punto de convencerle de cambiar sus pretextos futbolísticos para adaptarlos mejor al juego del 10. Tras el 6-1 de Madrid, trascendió que Messi bajó al vestuario (abandonó el palco donde seguía la escabechina casi un cuarto de hora antes del pitido final) para dar una insólita charla a sus compañeros, que primero se quedaron asombrados con la actitud del habitual mudo y luego asintieron al ver a su líder y principio y fin del juego argentino herido en su orgullo. Pocos días después de todo esto, se sabe que Argentina incorporará al cuerpo técnico de la selección mayor a Pablo Aimar.

Pocas cosas en esta secuencia parecen casualidad. Pablo Aimar colgó las botas hace poco tras una carrera que pudo ser mejor de no mediar abundantes lesiones. Pero su finura de 10, su imaginación y su capacidad de último pase influenciaron a muchos, el primero de ellos a Leo Messi, que siempre lo señaló como su jugador preferido. En la actualidad, el Payaso Aimar es seleccionador argentino sub-17, y hará un máster avanzado en dirección de grupos en Rusia 2018 como ayudante de Sampaoli. En las horas posteriores al grosero 6-1 en Madrid, la prensa argentina señalaba que una parte importante del vestuario de la albiceleste se revolvía contra el segundo de Sampaoli, Sebastián Becaccece, al que no reconocen su autoridad para dar órdenes y mucho menos proferir críticas. 

Así que Aimar aparece en el horizonte como ese interlocutor que la generación actual respete por haber visto al ex de Valencia, Zaragoza y River Plate demostrar en el campo su valía. La designación de Aimar, sin embargo, es un arma de doble filo en el siempre enrarecido ambiente que rodea a la selección argentina. Porque aunque tras la derrota contra España los críticos se cebaron con Sampaoli y, sobre todo, el pobre Gonzalo Higuaín, siempre hay quien tiene para Messi. Porque a pesar dela evidencia de que La Pulga es un jugador superior al nivel de la selección y que sin él sería inviable haber llegado a tres finales consecutivas, la acusación de pecho frío pende sobre el 10. Y las críticas por no haber jugado ante España están muy cerca de aparecer en el momento en que Messi haga dos goles con el Barcelona.

Y, como en cada derrota de Argentina, se señala a los supuestos amigos de Messi, esos jugadores que serían convocados por la albiceleste apenas por indicación de La Pulga, espeialmente Mascherano y Lucas Biglia. Así que si lo de Aimar no sale bien (esto es, si Argentina no gana el Mundial o cae en una fase previa a la final) la culpa será no del Payaso, ni siquiera de Sampaoli. Lo que se quiso indicar como una mejora d ela relación técnico-vestuario se convertirá pronto en otra arma arrojadiza contra Messi. 

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