El Mundial de Rusia 2018 mostrará al planeta la 14ª mascota en la historia de la Copa del Mundo, una tradición iniciada en 1966, con motivo del Mundial en Inglaterra. El encargado de representar a la competición en tazas, camisetas, balones e imanes de nevera es Zabivaka, un lobo bastante sosainas que, por azares de los diseñadores, juega al fútbol con gafas de esquiador puestas. El nombre del personaje significa en ruso “aquel que marca”, muy al pelo. Asegura la FIFA que para llegar a la elección de Zabikava votaron más de un millón de rusos. También dice la promoción oficial que el lobo de Rusia 2018 irradia diversión, encanto y confianza. Y a nosotros esta última parte sólo puede recordarnos a una cosa….

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La figura de Zabivaka seguramente no pasará a la historia de los personajes más queridos, pero nos da pie para repasar las mascotas de todas las Copas del Mundo hasta la fecha. Inició la tradición World Cup Willie, quizás el mejor nombre de toda la colección, un león con pelo de Beatle para el Mundial de Inglaterra 66, y con guiño a la monarquía en su bautizo. Todo un bingo. Le siguió Juanito, la mascota de México 70, un niño con sombrero mexicano. Para la edición de 1986, no se rompieron la cabeza y sustituyeron al niño por Pique, un chile con bigote (?) y el mismo sombrero.

Entre medias, la obra más hija de su época, Tip y Tap, dos niños que simbolizaron el Mundial de Alemania 74 y también el ansia de unir a las dos partes del país. Echando la vista atrás y quitando el símbolo político, es quizás la mascota más pura: dos niños amigos con un balón de por medio. En Argentina 78, un niño del rural, Gauchito, se convirtió en la primera mascota zurda de la historia de la Copa del Mundo (la única, junto al muy cartoonesco perro Striker de Estados Unidos 94). Y en 1982, llegó quizás la mejor mascota de la historia de cualquier evento: Naranjito se convirtió en un gigantesco WTF para el Mundial de España, una naranja colorada y que jugaba al fútbol. ¿Qué podía faltarle? Sí, eso también lo tenía: una psicodélica serie de animación.

En 1990, Italia acogió la Copa del Mundo y quiso hacer un alarde de diseño italiano con Ciao, una especie de cubo de Rubik roto en partes que representaban un cuerpo humano y con un balón como cabeza. Hacía como que pateaba otra pelota, pero sería un poco contraproducente que lo hiciera de verdad. Luego, la nada en el mundo de las mascotas: nadie se acuerda de Footix, el gallo de Francia 98, ni de el muy inexplicable Goleo VI (un león con pinta de oso y cuya pelota animada es su amiga) de Alemania 2006, ni desde luego recuerda a Zakumi, el leopardo de Sudáfrica 2010. 

No estuvo mal Fuleco, el armadillo de Brasil 2014, a pesar de lo surrealista de que su nombre se deba a la mezcla de las palabras fútbol y ecología. Aunque si de surrealismo se trata, nada, pero nada, ni siquiera Naranjito, supera a las mascotas del Mundial de Japón y Corea del Sur. A falta de una, eran tres: Ato, Kaz y Nik, y eran, supuestamente, las partículas de energía que surgen en cada partido de fútbol por el roce entre los jugadores y sus aficionados. Ok.

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