Hugo Lloris, capitán de la selección de fútbol de Francia; Simon Kjaer, capitán de Dinamarca; y Mile Jedinak, su homólogo en Australia, estamparon su firma en una petición de amnistía para Paolo Guerrero, la estrella de la selección de Perú. Si sus rivales en la fase de grupos de la Copa del Mundo de Rusia 2018 no advertían ningún prejuicio en la participación del delantero del Flamengo, así lo debería entender también la FIFA. Así que con ese papel en la mano, Guerrero y el presidente da la federación peruana, Edwin Oviedo, se plantaron, vestidos con sus mejores trajes, en la sede del máximo estamento del fútbol mundial, en Zúrich. Allí los recibió el presidente Gianni Infantino, a quien no pareció importarle nada de toda esta parafernalia, porque la respuesta para el futbolista sigue siendo “no”

“No” a levantarle la sanción impuesta en diciembre por un resultado positivo compatible con el consumo de cocaína en un control antidopaje. El jefe de la FIFA solo ha podido mostrar empatía para endulzar el inútil viaje de Guerrero a Suiza. Según un portavoz del organismo citado por la agencia EFE, “Gianni Infantino expresó su profunda comprensión ante la decepción de Guerrero por no poder ser parte del equipo peruano que disputará la Copa Mundial de la FIFA 2018. Sin embargo, el presidente de la FIFA también dejó en claro que la sanción ha sido impuesta por el Tribunal de Arbitraje Deportivo, luego de una apelación presentada contra la decisión de un órgano judicial independiente de la FIFA”. 

Al despacho de Infantino han llegado en estas semanas un aluvión de solicitudes de indulto, el clamor de un país y, finalmente, el propio futbolista con el escrito de apoyo de sus rivales. Esto último, pese a la mueca de disgusto de gente como el responsable del centro contra el dopaje de Dinamarca, Michael Ask, que afeó la solidaridad del capitán de su selección: “No entiendo que los jugadores simplemente crean en Paolo Guerrero“. Nada ha funcionado y el tiempo para una amnistía cada vez más difícil se agota: el 4 de junio termina el plazo para las convocatorias definitivas de los 32 equipos nacionales que jugarán en Rusia. 

Guerrero fue suspendido en diciembre tras dar positivo por benzoilecgonina en un control tras un encuentro de clasificación mundialista contra Argentina disputado en octubre. La sanción inicial de un año fue rebajada después a seis meses, gracias a un recurso amparado en unas momias de 600 años de antigüedad. Pero finalmente la sanción fue ampliada a 14 tras una apelación ante la Corte Arbitral del Deporte. 

La noticia amargó la enorme alegría del fútbol peruano por su regreso a un Mundial desde su participación en España’82. El veterano ariete de 34 años, capitán y líder de la selección, había sido fundamental en un logro que no va a poder disfrutar. Sobre lo que pudo ser y no va a ser podrá reflexionar en su vuelo de vuelta desde Zúrich. 

 

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