Cada vez que juega la selección de México y el portero rival se dispone a chutar un saque de puerta, se repite la incertidumbre: “¿Lo harán esta vez? ¿Se atreverán?”. Un grito prolongado que dice “¡eh!” anticipa el pelotazo y, justo en el momento del golpeo, estalla en un sonoro “¡puto!”. Esta costumbre está en el punto de mira de la FIFA desde la Copa Confederaciones de 2017, cuando reclamó, bajo amenaza de sanciones, que los hinchas centroamericanos dejasen de emplear ese grito homofóbico. Camino del Mundial de Rusia 2018, una de las empresas cerveceras más populares del país ha expuesto una alternativa humorística: sustituir la polémica expresión por una muy parecida y oportuna: “¡Putin!”. Pero la idea no ha hecho gracia. 

“En Cerveza Victoria le dimos la vuelta al grito porque #LoChingónDeRusia está aquí”, proclamaba la campaña del Grupo Modelo que ya ha sido retirada de las cuentas en redes sociales de la compañía ante las quejas del embajador de Rusia en México. Eduard Malayán, el representante de Moscú, criticó así el anuncio: “Considero que eso no es aceptable en nuestro país, no es costumbre gritar nombres o apellidos de personalidades políticas en nuestros estadios; se puede gritar gol, apoyar a su selección diciendo ‘adelante México’. No estamos tan tontos para no entender que es un juego de palabras”. 

En el pasado la FIFA amenazó a la Federación de México con sanciones deportivas, en forma de retirada de puntos, si el cántico con la palabra “puto” continuaba. Estas no se llegaron a producir, pero sí se han cursado una decena de sanciones económicas. El máximo organismo futbolístico seguirá vigilando la cuestión en el Mundial para ver si los hinchas del tri han entrado en razón. Sin embargo, en Rusia, un país donde se reprime la diversidad sexual, parece que preocupa mucho más que se use el nombre de su muy deportista presidente de forma jocosa en un estadio. 

Aunque el de los cánticos no es el único veto que padecerán los aficionados del equipo de Hirving Lozano y compañía. La FIFA también prohibirá durante la Copa del Mundo el acceso a los estadios con máscaras. Esta medida de seguridad (todos los asistentes deben poder ser identificados) va contra la tradición de algunos hinchas de cubrir sus caras con los disfraces de famosos luchadores mexicanos como El Santo. No obstante, Gabriel Galván, miembro del grupo de aficionados Ola Verde que acude a todos los encuentros de la selección, declaró a El País que “no nos sorprende. En el estadio Azteca tampoco podemos pasar con máscara desde hace dos años”. Lo más probable es que se acceda al recinto sin ella puesta y luego la vistan en la grada. 

Lo que no hay forma de saber si va a hacer su aparición o no es el grito de la polémica, una que dura ya años, desde el éxito de la banda Molotov que arrancaba con el verso “Que muy machín, no? Ah muy machín, no? Marica nena mas bien putín, no?” y  que, tras gritar numerosas veces “puto”, resolvía en el estribillo: “Amo a matón. Matarile al maricón”. El insulto, muy extendido en México, tenía según los músicos otro significado en su canción: “La canción hablaba de la cobardía, de no ser agachón. Nunca tuvo un sentido homófobo. No era maricón de homosexual, sino de cobarde”. 

Habría que preguntarle entonces uno por uno a los seguidores de México en qué piensan exactamente cuando se lo chillan al portero rival. 

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