Los mundiales de fútbol son eventos tan especiales, tan cargados de mística, que más allá de pelear por el galardón máximo que es el campeonato, cada selección y cada jugador se pone retos personales. Uno recurrente para futbolistas de cualquier nacionalidad es luchar contra el imbatible paso del tiempo y poner una pica en el mayor número de campeonatos posibles, algo a lo que aspira Tim Cahill. El veterano atacante, de 38 años, aspira a jugar su cuarto Mundial, algo que se le ha complicado en las últimas semanas, como así demuestra el último amistoso de Australia, en el que no tuvo ni un minuto.

Cahill, que terminó la temporada en el Milwall inglés, es una institución en la selección de su país. Capitán y máximo goleador histórico del conjunto oceánico, fue él mismo el que metió a Australia en la cita que se celebrará en Rusia este verano gracias a dos goles decisivos en la eliminatoria de repesca contra Siria.

Pero nunca ha tenido memoria el fútbol, más cuando en los últimos meses Australia cambió de seleccionador y ahora está dirigida por el holandés Van Marwijk. En el último encuentro de los socceroos en marzo ya le había mandando un mensaje dejándolo en el banquillo. Ante la República Checa ha insistido, incluso con más carga simbólica, teniendo en cuenta que en unos días el técnico debe ofrecer la lista definitiva.

Y por si fuera poco, la convocatoria del veterano en esta primera lista ya estuvo rodeada de polémica, con muchos aficionados acusando a la federación australiana de llevarlo por motivos comerciales. Cahill es la imagen de Caltex, una compañía de carburantes que, curiosamente, es también uno de los mayores patrocinadores de la selección, dejando en tierra a Jamie Maclaren, que completó una gran segunda vuelta en el Hibernian escocés, con ocho tantos en 15 partidos.

Lo peor para Cahill es que sus compañeros respondieron. Y lo hicieron con muchos goles. Australia ganó 4-0 al combinado checo, dejando claro que pueden sobrevivir en ataque sin la presencia de su mejor artillero y sus legendarios cabezazos, aunque eso suponga también prescindir de su liderazgo.

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