Apenas 25 minutos. Eso fue todo lo que necesitó Neymar para demostrar que los tres meses de inactividad desde su lesión no le han pasado factura. El crack del PSG se estrenaba con Brasil en este 2018 y resolvió el partido amistoso contra Croacia, para darle el triunfo a su selección y, al mismo tiempo, confirmar a la canarinha como una de las principales favoritas en el Mundial de Rusia.

Porque el combinado de Tite puso en alerta a todo el planeta fútbol con su brillante fase de clasificación, paseándose ante todos los rivales sudamericanos, la habitual carnicería del grupo convertida en un trámite. Pero todos saben, los propios brasileños seguramente mejor que nadie, que las esperanzas de la pentacampeona llegarán a donde llegue su estrella. De ahí las dudas creadas cuando Neymar tuvo que pasar por el quirófano.

Esas mismas dudas no se encargaron de disiparlas sus compañeros en la primera parte contra Croacia. El técnico Tite tiró de un once con mucho músculo y pocas ideas en el centro del campo. Casemiro, Paulinho y Fernandinho apenas aportaban claridad con el balón y se veían incapaces de enlazar tres pases seguidos ante la presión balcánica.

Todo cambió tras el descanso. La entrada de Neymar le permitió a Coutinho dar un paso atrás y todo fluyó con más naturalidad. En el juego, y también en la zona de finalización. Como no podía ser de otra forma, el 10 del PSG decidió con una jugada de mago, deshaciéndose de dos defensas croatas dentro del área y batiendo con un violento disparo a Subasic.

Ya en el descuento, el delantero del Liverpool Firmino puso el 2-0 definitivo para meter de nuevo el miedo en el cuerpo a todos los rivales de cara a la Copa del Mundo y lanzar un aviso: Brasil, y especialmente Neymar, viaja, a Rusia para vengar la afrenta sufrida en casa hace cuatro años. No parece que vaya a ser fácil quitarles esa idea de la cabeza.

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