La Copa del Mundo 2018 tendrá unas fuertes medidas de seguridad. Después del éxito de la implantación en la Copa de Confederaciones del sistema piloto, las autoridades rusas han anunciado el despliegue de 100.000 agentes para controlar a los hinchas violentos, y además se han cotejado en colaboración con Interpol el historial de miles de visitantes, impidiendo que vayan a la Copa del Mundo unos 4.000 indeseables con antecedentes de problemas en el Mundial de Brasil 2014 y en la Eurocopa de Francia 2016. Todo eso pinta fantástico: el único problema que algunos ven es que esas medidas van destinadas a protegerse de amenazas externas, y muchos creen que el problema está dentro.

La memoria colectiva tiene muy frescas en el recuerdo los brutales incidentes de hinchas radicales rusos con los ingleses, y aunque no quedó nada clara la responsabilidad de uno y de otro en los choques en calles y estadios de la Eurocopa, se fijó la imagen en el inconsciente colectivo de permisividad rusa con los violentos. Los medios ingleses se han encargado de recordar que ultras rusos quedan en bosques recónditos para pegarse sin reglas. Infundir el miedo sobre los hinchas locales es un punto a la hora de encarar el problema en esta Copa del Mundo 2018. El otro es ver quién puede llegar a Rusia y montar el gran lío.

Hay sospechosos habituales como los ingleses. Pero las autoridades rusas se mostraron especialmente preocupados con controlar a los argentinos. El país sudamericano y Rusia firmaron un acuerdo para evitar la llegada de líderes de barras bravas al país euroasíatico. “Por un decreto del presidente se dispuso una lista de restricciones para los partidos de la Copa del Mundo 2018 que está en el orden de las 3 mil personas. Viajarán policías con teléfonos especiales que contienen estos listados con la foto, DNI (documento de identidad) y el pasaporte de cada persona que tiene un impedimento para ingresar a las canchas”, dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Y Rusia también tiene serios reparos con otras aficiones. Especialmente, con la posibilidad de que ultras croatas y serbios queden a medio camino de las ciudades donde sus selecciones disputan partidos para discutir sus asuntos filonazis. O que los bastante violentos ultras polacos se encuentren con algunos alemanes que tengan ganas de pegarse. La más sorprendente de las precauciones rusas de cara a la Copa del Mundo 2018 respecto a aficiones foráneas la emitió Oleg Siemionow, experto en solucionar dudas para aficionados que se desplacen a Rusia 2018, a la prensa inglesa: ojo con los aficionados de Arabia Saudí y de Irán, unos suníes y otros chiitas

Rusia ha decidido instaurar la ley seca en el entorno y dentro de los estadios. Se está mirando con lupa a los aficionados con antecedentes que hayan comprado entradas para la Copa del Mundo 2018. Se han instaurado los sistemas Fan Card y Fan ID para controlar la titularidad de los poseedores de entradas para las fan zone y los partidos. Habrá policía en cada esquina. Lo que más temen los extranjeros, sin embargo, es que el problema esté en casa. “Me preocupa más el aficionado medio ruso de más de 20 años, porque tienen una mecha corta, y si les provocas pueden responder con agresiones físicas”, dijo Pavel Klymenko, de la asociación Fare que mira movimientos de extrema derecha y el fútbol. No mirar mal ni provocar a un ruso parece un buen consejo, sobre todo si hay alcohol de por medio, pero los mayores problemas vienen si además hay ultraderechismo y peleas organizadas entre hooligans

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