“Decidiremos en cada momento lo que es mejor o lo que entendamos que es mejor para el equipo. El único debate es ser un gran equipo y a partir de ahí, esté un delantero u otro, el equipo tiene que arrastrar y sacar lo mejor de cada jugador”. Así fue como el seleccionador español, Julen Lopetegui, esquivó en una entrevista en Televisión Española la cuestión que entretiene a la prensa que sigue a una de las selecciones favoritas para ganar el Mundial de Rusia 2018 y que parece haber emitido ya un veredicto: Iago Aspas es el nueve

España no tiene a Lewandowski, a Salah, a Griezmann, a Luis Suárez, a Mané o alguno de esos arietes indiscutibles que son la cara de sus equipos. Al igual que ocurre con la otra gran potencia europea de los últimos años, Alemania (quizás habría que decir “potencia de siempre” en el caso de los germanos), el puesto de nueve no es sencillo de interpretar en un combinado que no hace tanto actuó con Silva o Fábregas en esa posición. Torres, el que arrancó el ciclo glorioso de La Roja, acabó cediendo su sitio a Villa, más acostumbrado a desparecer en la banda para abrir huecos al abundante y talentoso centro del campo español, aún hoy la mejor línea del equipo. Años después, el futbolista gallego del Celta de Vigo es quien mejor sabe desenvolverse así.

Aspas ha marcado cinco goles en diez partidos con la selección, uno cada 71 minutos, entre ellos el de la sufrida victoria ante Túnez previa a tomar el avión hacia Moscú. Su inteligencia en el último tercio del campo, lo dúctil que es para crear espacios, filtrar balones o inventar remates le han valido el certificado de adopción por parte de los veteranos del equipo, que reconocen en el de Moaña a un atacante que interpreta el juego tal y como el equipo necesita. El máximo goleador nacional de La Liga con 22 tantos está recibiendo también la bendición de los cronistas de Madrid, que señalan el camino a Lopetegui. En las últimas horas aparecen noticias celebrando que su promedio como goleador internacional es mejor que el de Messi, Cristiano o cualquier astro del Mundial. Lo de poner las cosas en contexto ya se deja para otro día, que no es cuestión de estropear la ilusión.

Con Morata, el más convencional de los atacantes, convertido en excedente, Lopetegui se llevó solo tres delanteros a la Copa del Mundo: Diego Costa, Rodrigo y Aspas. El punta del Atlético de Madrid, sin duda el de más cartel entre los tres, no acaba ni de caer simpático en parte de la prensa (lo presentan como un jugador marrullero en un grupo de buenos muchachos, sin reparar en que España también alinea a otros tipos arteros como Sergio Ramos y Busquets), ni rinde en la selección conforme a su millonaria cotización en el fútbol de clubes. Rodrigo es un producto de las categorías inferiores de la Federación Española de Fútbol que Lopetegui conoce bien y que viene de otra gran campaña, pero que incluso podría perder su protagonismo en el Valencia si los rumores son ciertos y el club ché acude con un saco de millones a Vigo a por Iago. 

“A mí me gustaría ser titular, por supuesto”, se manifestó el delgado delantero con el mismo arrojo que tiene en el campo. Causaría extrañeza que en un conjunto plagado de campeones de la Champions League, la punta de lanza fuese la figura de un equipo que acabó en el puesto 13 de La Liga. Pero la evidencia es casi tan tozuda como el jugador de 30 años que está ante el verano de su vida: España funciona mejor con él, salta a la vista, sin necesidad de retorcer datos estadísticos que avalen su participación. “Yo no tengo presión, estoy aquí para disfrutar”, dijo tras ganarle a Túnez. Y tiene razón. La presión es para Lopetegui, que debe pensar si da paso a la cabeza de ratón y sienta en el banquillo a Costa, un león de 65 millones de euros y muy malas pulgas. 

 

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