Mientras en España desearían que la Copa del Mundo de Fútbol de Rusia 2018 no estuviese a punto de comenzar, la FIFA ya ha puesto en marcha el Mundial de 2026. Por primera vez en la historia del torneo, tres países acogerán el evento de forma conjunta, abundando en un modelo de dispersión con el que la UEFA ya va a experimentar en la próxima Eurocopa. Estados Unidos, México y Canadá organizarán la competición de dentro de ocho años tras imponerse a la otra candidatura, la de Marruecos

Los delegados presentes en el Congreso de la FIFA celebrado en Moscú otorgaron 134 apoyos a la propuesta americana, mientras que la africana solo recibió 65. Tras las sospechas de corrupción que rodearon la adjudicación del próximo torneo de 2022 a Catar, el ente futbolístico sacrifica la opción de expandir el torneo a una sede inédita pero también se evita polémicas como las que podrían surgir por las leyes que discriminan sexualmente en el país magrebí. De paso, le propina a los marroquíes el quinto revés en su intención de ser sede.

La candidatura vencedora, por contra, emite un mensaje esperanzador: el de que tal vez el fútbol pueda ayudar a suavizar las intenciones de la Administración Trump, que llegó al poder en Estados Unidos prometiendo la construcción de un muro en la frontera de su territorio con México. Ahora, con una empresa de tal calibre y proyección publicitaria como es una Copa del Mundo, cabría la opción de que el polémico gobernante reformulase sus planes. Al fin y al cabo, el lema de los países ganadores era “Unidos como uno“. 

Para Canadá sería el primer Mundial, mientras que México se consolidaría como una de la sedes emblemáticas de la Copa (organizó los celebrados torneos de 1970 y 1986) y Estados Unidos podría refrendar el crecimiento del deporte en el país más poderoso del mundo desde que acogió la competición en 1994. Pero un proyecto compartido no quiere decir que sea también equitativo. Estados Unidos se lleva la parte grande del pastel de mayor tamaño que jamás se haya repartido en un Mundial: el de 2026 será un torneo de 48 selecciones, lo que ayuda a restar importancia al hecho de que haya tres clasificadas en calidad de organizadoras. Las 25 sedes de las barras y estrellas tendrán 60 encuentros, mientras que los países de la hoja de arce y los del Tri verán diez partidos cada uno a repartir entre cuatro y tres estadios, respectivamente.

Ahora tendrán que ponerse de acuerdo entre las tres naciones para ver qué estadio acoge la final. Eso sí, los norteños tendrán que hacerse valer para que ese privilegio no recaiga por tercera vez en sus vecinos del sur, que poseen un símbolo único para el mundo del fútbol, el Estadio Azteca que aún sigue en pie pese al paso de los años y de los terremotos

Pero esas son historias mundialistas que se escribirán dentro de ocho años. Hay otras que empiezan mañana mismo.

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