Es una polémica algo tibia comparada con la que se ha montado en la otra gran favorita europea para el Mundial de Rusia 2018, porque nada puede igualar lo que está pasando en España antes de su debut en la Copa del Mundo. Pero Alemania tiene su propio lío interno, uno de tintes más políticos y sociales, que protagonizan sus (seguramente) dos centrocampistas de más calidad: Mesut Özil y Ikay Gundogan. Los dos internacionales alemanes, de origen turco, posaron en mayo con el presidente otomano Recep Tayyip Erdogan. Y eso no ha gustado en algunos sectores de la opinión pública germana.

La inmigración otomana es, quizás, la más visible en la Alemania contemporánea. Gundogan y Özil son sólo dos de los productos de una amplia presencia en la sociedad del país más rico de Europa. Señalados durante mucho tiempo por no hablar un alemán perfecto (sobre todo en el caso del jugador del Arsenal) parece que existe una sombra de sospecha sobre su verdadero compromiso con la Mannschaft. Ahora, les pasa factura una foto con el polémico Erdogan, visto desde Occidente como un tipo autoritario y denunciado por su falta de respeto por los derechos civiles. “Creo que los dos jugadores no pensaron en lo que la foto con el presidente Erdogan desataría. Ninguno quiso decepcionar a los aficionados alemanes“, los defendió Angela Merkel, primera ministra del país. 

Muchos países europeos albergan este tipo de tensiones políticas internas en su seno (porque, a pesar de querer darle una visión internacional al asunto, lo de Gundogan y Özil tiene cierto tufo a problema social alemán). Es intermitente la queja de ciertos sectores en Francia hacia el hecho de que los jugadores de origen africano no canten La Marsellesa antes de cada partido. Por no hablar de la polémica absurda que arrastra España desde hace años con la figura de Gerard Piqué, pitado por su propia afición a raíz del asunto catalán. Ahora, Alemania se enfrenta a la suya, por más que los jugadores y el propio seleccionador, Joachim Löw, quieran zanjar el tema.

Özil y Gundogan son muy respetados y admirados dentro de la selección. Están encantados de jugar con Alemania. Mesut no jugó el pasado fin de semana, pero Ilkay estaba algo tocado después del partido. Hubo que animarle algo. pero estos dos o tres partidos en su entorno familiar fueron buenos, desde luego”, describió el ambiente Löw. Pero los silbidos recibidos y el debate constante han hecho mella en Gundogan, un tipo quizás más sensible y reposado que el más fiestero Özil. “Dimos  explicaciones en Berlín a los dirigentes de la federación alemana, a los responsables deportivos del equipo nacional y al presidente de la República (Frank-Walter Steinmeier). Compartimos al 100% los valores de Alemania”, dijo el centrocampista del Manchester City.

Y añadió: “Estos últimos años hemos hecho mucho por la integración en Alemania. No tenemos sólo en nosotros un lado turco, heredado de nuestros padres y nuestras familias. Nacimos y crecimos en Gelsenkirchen. Es una ciudad con un gran porcentaje de inmigrantes. Por eso me quedé muy sorprendido de escuchar decir que no estábamos integrados y que no queríamos vivir de manera conforme a los valores alemanes”. Gundogan y Özil serán piezas clave de Alemania en Rusia 2018 a pesar de todo, y la selección los necesitará porque sus últimos ensayos antes de la Copa del Mundo han rebajado las expectativas sobre el equipo de Löw.

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