Por fin llegó el Mundial 2018 después de cuatro años de espera desde la última cita en Brasil. La cita de Rusia cumplió con la tradición de las Copas del Mundo en sus jornadas inaugurales: una ceremonia aburrida, maquillada esta vez por Robbie Williams, y un encuentro infumable. Porque el combinado ruso se midió a Arabia Saudí en un duelo que no resultaba atractivo en la previa y confirmó todas esas sospechas durante los 90 minutos. Al menos se pudieron ver goles, con una clara victoria local por 5-0.

Y eso que el torneo no empezó con buenas noticias, ya que a las primeras de cambio perdió a uno de sus líderes. Dzagoev sintió un pinchazo y tuvo que retirarse del terreno de juego, con mucha pinta de que no vuelva a regresar ya en este Mundial. Sin saberlo, seguramente los rusos salgan ganando de este contratiempo, porque le permitió dar un paso al frente y tomar el control de los suyos al que se presenta como el futuro de Rusia: Aleksandr Golovin.

El joven centrocampista del CSKA de Moscú, que ya suena para algún grande de Europa como la Juventus, manejó a la defensa saudí a su antojo. Su velocidad y su toque de balón lo dejaban como un jugador diferente al resto de los que corrían sobre el verde. Su primer golpe al esférico fue para ponerle un caramelo a Gazinsiy en la cabeza. No perdonó el mediocentro, abriendo el marcador ante un rival que ya había hecho su carta de presentación.

La selección árabe, dirigida por Juan Antonio Pizzi y con varios jugadores que estuvieron de visita en España en estos últimos meses, se presentó con tan buenas intenciones como poco rigor táctico. Buen trato de balón en el centro del campo y alguna llegada con peligro, pero muy inocente y sin mantener ningún tipo de orden.

No tardó en llegar el segundo, ejemplificando todos esos problemas. Un pase largo y raso desde la defensa rusa llegó a los pies de Golovin. Puso pausa en la frontal del área para luego acelerar la jugada y que el balón le llegara a Cheryshev, la otra consecuencia de la lesión de Dzagoev. El jugador del Villarreal firmó una obra de arte picando el balón por encima de dos zagueros y finiquitando el encuentro, ya antes del descanso.

Porque no hubo nin un atisbo de reacción saudí y el castigo ruso continuó casi por inercia. Los últimos minutos los aprovecharon Golovin para regalarle otro gol a Dzyuba y transformar una falta de forma magistral, Cheryshev para hacer otro de los goles del torneo… y también Putin y Mohammed bin Salman en la grada para seguir estrechando lazos.

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