Antoine Griezmann saboreaba el control dentro del área en una de sus pocas apariciones en el debut de Francia en el Mundial de fútbol. Alineado como delantero centro por Didier Deschamps, incómodo como referencia del tridente de mediapuntas y regateadores con Dembèlè y Mbappé, apenas había rascado bola hasta ese momento a los 10 minutos del segundo tiempo. Entonces, cayó al suelo, rozado milésimas de segundo antes por el pie del imprudente Risdon. Luego, por segunda vez en esta semana, se sentó a esperar la decisión. Sólo que en vez de ese pastiche ridículo con el que anunció que no había nada que anunciar, Griezmann asistió a otro hito del audiovisual futbolístico: la primera vez que el VAR decidía algo en una Copa del Mundo. Y el vídeo decidió penalti. Así se escribió la historia del debut mundialista de Francia ante Australia, una victoria donde la tecnología le echó un buen guante a Deschamps para salvarle de las inevitables críticas.

Francia se impuso 2-1 a la guerrera Australia, un equipo que da igual el Mundial que dispute, siempre lo hace de la misma manera: solidaria, despliegue físico abrumador, calidad limitada y esperando a una oportunidad, a poder ser a través de un centro o en pelota parada. Así se encontró el empate después del histórico penalti de Griezmann. Umtiti se convirtió en el tercer hermano Karabatic y quiso jugar al balonmano en área propia. El árbitro uruguayo, Andrés Cunha, se paró un par de segundos a escuchar quizás alguna instrucción, y concedió la pena máxima. Jedinak y su barba no perdonaron la ocasión que Australia estaba esperando, después de una hora en la que Australia había conseguido frenarlas transiciones de Francia y mostrado los serios problemas de los Bleus para hacer un juego consistente desde que su generación dorada colgase las botas. 

El empate obligó a Didier Deschamps a mover el banquillo. Resultada claro que los tres puntas no mezclaban como debían, y que Francia tiene una plantilla perfecta para jugar con un punta que fije las referencias para Griezmann, como sucede en el Atlético. El cuestionado seleccionador lo vio, pero tomó la única decisión que el VAR no pudo censurar: meter a Giroud (bien) por Griezmann (no tan bien). Tuvo suerte Deschamps, porque Giroud hizo lo que debía (recibir de espaldas y devolver una perfecta pared), Pogba por fin apareció en área contraria y en un medio remate, medio rebote, la pelota se fue al larguero de la portería de Ryan y botó dentro. Otra acción a la que tecnología quitó todo atisbo de duda, un profundo respiro de alivio para Deschamps y Francia.

El partido sirvió más para dar argumentos a los defensores del VAR (quitando un pequeño desfase de tiempo entre que Griezmann cayó en el área y el árbitro decidió echar un vistazo a la jugada) que para quitar las dudas sobre Francia, quizás la selección más cargada de talento técnico y físico en cada línea, pero con serios problemas para resultar fiable y consistente. “No fue fácil, pero ganar el primer partido siempre es importante. Eché de menos un cambio de ritmo, algo más de chispa. Hicimos lo que había que hacer, pero podemos hacerlo mucho mejor”, dijo Deschamps, aliviado de escapar de la primera quema. 

No Hay Más Artículos