Las planchas en las imprentas de los periódicos ingleses ya estaban calientes para crucificar a alguien: A Gareth Southgate por ser el entrenador, a Dele Alli por no jugar bien, a Raheem Sterling porque es el blanco más fácil hoy en día, al árbitro por el penalti señalado en contra y algún agarrón que no vio sobre Harry Kane… Lo único cierto es que iba a haber disparos. Pero por algún motivo que él sólo puede entender, el lateral izquierdo de Túnez dio su particular grito de “Paren las rotativas”. En el minuto 90 de partido, con Inglaterra ya asediando el área africana pero sin ideas ni demasiado peligro, Ali Maaloul decidió coger la pelota en su zona defensiva, y presionado por el recién entrado Loftus-Cheek, en vez de dar una patada a seguir o proteger el balón con su cuerpo entre la línea de banda y el esférico, se puso a juguetear sobre la línea de fondo. El resultado, un córner a favor de los ingleses fácilmente evitable. Y de ahí salió el 2-1 definitivo, cazado por Harry Kane para evitar otro batacazo inglés en el Mundial de fútbol.

El batacazo iba a ser un empate ante Túnez pero, en realidad, tendría más consecuencias por los seis días de debate rumiando el porqué de otro resultado decepcionante, por más que fuera apenas el primero y se pudiera arreglar después. Harry Kane, con sus dos goles al principio y al final del encuentro, evitó un dolor de cabeza para Inglaterra nada más arrancar el Mundial de Rusia 2018, porque además Bélgica había marcado distancias con su 3-0 a Panamá y ese duelo entre las dos europeas en la última jornada del grupo G adquiriría tintes dramáticos si Inglaterra no hubiese superado a Túnez. Y eso estuvo cerca de suceder porque los de Southgate siguen sin ser fiables, por más que apunten virtudes y posibilidades en varias de sus líneas.

Porque durante un buen rato en el primer tiempo, Inglaterra fue un equipo vertical, mezclando entre líneas, llegando a gol, por bandas y por centro, y rematando mucho. Mucho y mal. Harry Kane embocó su golito después de que el portero de Túnez, Mouez Hassen, hiciese la parada de la noche al cabezazo de Maguire. Pero fallaron Sterling, Dele Alli, Lingard, Stones… El 1-0 era importante pero el juego de Inglaterra era una promesa. Hasta que una imprudencia de Kyle Walker en el área, un contacto innecesario con Ben Youssef, propició un penalti que Ferjani Sassi transformó para Túnez. Y el Mundial de fútbol se le vino encima a Inglaterra.

Los jugadores y el técnico estaban ya leyendo los titulares de los medios de su país. Y eso que quedaba una hora de juego por delante. La selección de Inglaterra no ha superado los cuartos de final de un Mundial de fútbol o de una Eurocopa salvo en los dos torneos organizados en su suelo (1966 y 1996). Viene de sonados fracasos en Brasil 2014 y Francia 2016. Empezar con un empate ante Túnez no iba a ayudar, por más que fuera injusto. La segunda parte fue casi toda ella un querer y no poder. Southgate no renunció a sus tres centrales a pesar de que Túnez ya apenas pisó campo contrario. Dele Alli no encontraba nada entre líneas. Loftus-Cheek salió del banquillo e hizo dos buenas jugadas antes de forzar el córner definitivo que en realidad le regaló Maaloul. Y Harry Kane hizo el resto en un inexplicable despiste de la zaga africana. Un goleador de nivel mundial para evitar otro batacazo de Inglaterra en una Copa del Mundo. A Túnez no le sirvió de mucho la oración colectiva antes de saltar al césped, y necesitará ganar a Bélgica si quiere tener opciones.

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